El gran Pepe Guzmán, involuntario maestro y fecunda influencia para todos los periodistas que pasamos, hace ya quizás demasiado tiempo, por las sucesivas redacciones de El Correo de Andalucía, esa ilustre institución del periodismoindígena, solía bromear con una frase que en su tiempo se convirtió en toda una leyenda. La resumimos en lenguaje analógico, que es el que corresponde. Interior tarde. Un domingo acaso sin fútbol (antes los había). Apertura de la sección de deportes. Página impar con cintillo a cinco columnas: «Boxeo». Siguiente página par, también con un cintillo digamos que generoso: «Más Boxeo». Impar inmediata, antetítulo expandido: «(Hoy nos ha dado por el) boxeo». Posmodernidad e ingenio.
Cultura
Ensayo malaje con farolillos
Si hay un lugar común en la literatura de cordel sevillana -nos referimos a aquella que aún se escribe en los papeles- es el que insiste (todos los años) en esa perdición estilística, pero también moral, que es costumbrismo indígena. El fenómeno puede describirse de la siguiente manera: unos cuñaos, cual sabios de la Academia de la Atenas que no somos, saludan todas las primaveras la llegada de la semana de los farolillos con la teoría de que el real de Los Remedios es el escenario de un sueño idealizado merced al cual los sevillanos (todos) jugamos al juego de las mentiras de abril y celebramos nuestra forma de vivir la vida.
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La Sevilla del Proverbio 18
Sevilla es la capital de la doblez y la mentira. Nada es lo que parece. Y lo que aparenta ser de una determinada forma no lo es en absoluto. La ciudad que ustedes pisan, caballeros, es una sucesión de distintos tiempos, épocas y sustratos, igual que un viejo palimpsesto, término que a determinados monaguillos menores les ponía muy nerviosos in illo tempore debido a su ignorancia solemne, de la que aún no se han curado. Los expertos en temas sevillanos, esa raza inequívocamente indígena, cuyas cátedras valen tanto como los masters de algunas universidades, nos tienen fritos desde hace lustros con dos de sus particulares obsesiones: la idealización caramelizada de Híspalis (que no existe) y la equiparación de la ciudad presente con un pretérito ausente en el que ellos encuentran la grandeur ficticia que, por apropiación, les permite disimular su estrechez mental. Su tesis podría resumirse así: «Nosotros somos grandes porque esta ciudad también lo fue». Como si el talento lo regalaran los abuelos, acaso se heredase y no fuera, como dejó escrito T.S. Eliot, una cualidad estrictamente individual.
La Sevilla mestiza, tres pasos
En Sevilla, que es una ciudad donde algunos hablan, y hasta escriben, con los ripios mojados de un pregón perpetuo, no es fácil encontrar a alguien capaz de expresarse con la libertad de las analogías, que básicamente permiten conectar cosas distintas gracias a una lejana similitud subjetiva. Jakobson, el lingüista ruso, lo expresó, estudiando el mecanismo retórico de la métafora, con una frase insuperable: la magia por contacto. Eso es lo que el cronista siente cuando camina, cual flâneur impertinente, por las ciudades del hombre, que es un título que le tomamos prestado al amigo Antonio Rivero Taravillo, que además de poeta cierto, novelista recurrente y traductor mayúsculo, es el abate (secreto) de la Santa Hermandad de Nuestra Señora de Mary Reyes, cuya collación (secular) radica en la calle de Sevilla con el nombre más hermoso que existe: Habana, esa joya (sentimentalmente recuperada) de ultramar.
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El SEFF, toma XIV
El Festival Europeo de Cine de Sevilla (SEFF) cerró su XIV edición hace unos días con una de esas galas en el teatro Lope de Vega que tanto gustan a nuestros munícipes, encantados de aparentar un glamour que no se debe a sus méritos, sino a la coyuntura de estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. En este caso, a cargo del presupuesto municipal, que es el que soporta todos estos circos. El SEFF, un proyecto del instituto cultural del Ayuntamiento (ICAS), empezó este año con mal pie por culpa de un plagio amparado por sus máximos responsables, que prefirieron insistir hasta el final en el error aunque el coste fuera perjudicar la imagen de Sevilla, y termina con un palmarés de premios donde se mezclan algunas películas que ya fueron galardonadas en otros certámenes anteriores -Cannes o Berlín, donde el equipo de dirección sondea la programación- con títulos políticamente correctos, donde las películas se seleccionan por su mensaje más que por sus cualidades artísticas.
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