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Literatura

El instante decisivo

carlosmarmol · 9 abril, 2026 ·

Es mentira que la vida obedezca a la voluntad. La libertad de cualquier hombre, que cobija en su interior el espíritu de la humanidad entera, tiene unos límites estrechos: las famosas circunstancias de Ortega y Gasset, a quien en este país extraño llamado España, tan obsesionado con el anti-intelectualismo y tan amante de lo plebeyo, tardaremos mucho tiempo en hacerle justicia poética. Lo que somos depende tanto de aquello que anhelamos, aunque no seamos conscientes de cuál es su perímetro exacto, como de lo que podamos conseguir en un momento y en un lugar determinados con unas personas –los otros, esos infinitos desconocidos– y en un ambiente fugaz e irrepetible. Nada dura. Todo cambia. Existe, por supuesto, esa iracunda voluntad de sobrevivir, como dijeran Spinoza y Schopenhauer, que quizás sea la fuerza mecánica e insaciable  que rige el universo y la causa última, según escribe el filósofo alemán, de la mayor parte del sufrimiento cósmico. Pero este élan vital –por decirlo ahora al modo de Henri Bergson–, la fuerza creativa que, frente a la dictadura del mecanicismo, explicaría la evolución vital de los seres vivos, y también el desenlace de la novela que todos llevamos dentro, colisiona brutalmente con las evidencias terrestres, que desmienten (sin piedad) nuestros sueños y el deseo de concordia y, en ocasiones, anticipan lo único seguro que existe en esta vida: la muerte. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Leila Guerriero y las formas del periodismo microscópico 

carlosmarmol · 4 abril, 2026 ·

La realidad no tiene una introducción, ni un nudo y, por supuesto, carece de un desenlace. El mundo es porque sí. Sin más. Un día estamos aquí; al siguiente desaparecemos sin dejar rastro. Entretanto ocurren y nos suceden cosas. Si por donde vamos cada uno lleva consigo su novela, como dijera Galdós, quien no es un novelista profesional –porque todos lo somos un poco– tiene que contentarse con ejercer, al mismo tiempo, de narrador y de personaje, de creador y protagonista, de escritor y lector de sí mismo. Hay quien percibe esta doble condición como un tormento. Otros disfrutan hablando consigo mismos para, como dijera Machado (Antonio), hablar algún día con Dios. A falta de señales celestiales expresas, lo más parecido al Creador Supremo, o a la figura mítica del demiurgo, que solemos tener más a mano son los periodistas. Por eso –antes– el hombre común quizás no leyera muchos libros, pero sí solía buscar en los periódicos, esos arqueológicos animales mitológicos, la trama de los días ordinarios. 

Las Disidencias en The Objective.

Las narrativas de la ‘Nueva España’

carlosmarmol · 3 abril, 2026 ·

En el prólogo de sus Páginas escogidas (Editorial Calleja, 1917) el gran Baroja, que conocía de sobra el paño con el que se vende el género de la literatura, declaraba –con ese brutal sentido común propio del realismo que a tantos les parecería ahora una absoluta impertinencia–, que “una novela larga, se diga lo que se diga, siempre será una sucesión de novelas cortas”. Lo trascendente en la literatura de ficción, a juicio del hombre malo de Itzea, misántropo y provocador, no son los episodios, sino la continuidad narrativa que tiene un relato. La sucesión –el fluir natural del cuento, por así decirlo– importa bastante más que el fogonazo de un simple instante.  En la historia de la novela de estos últimos treinta años, desde la década de los noventa hasta el presente, se suceden diversas tendencias, escuelas y escritores que exploran unas veces, y otras sencillamente sugieren, los profundos cambios sociales de estos decenios pasados. Se puede, pues, hacer una lectura sociológica, sin circunscribirse únicamente al criterio (maestro) de calidad literaria, sobre la evolución –que en nuestro caso se aceleró durante mucho tiempo hasta que este impulso de partida cesó y se convirtió en un retroceso– de la narrativa de la Nueva España que empieza con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla y llega hasta las dos primeras décadas del siglo XXI. 

Las Disidencias en Letra Global.

El sambenito y la España del furor diabólico

carlosmarmol · 28 marzo, 2026 ·

El pasado es otra dimensión (más) del presente. Las huellas del pretérito, escondidas bajo el disfraz de la desmemoria o ayudadas por la ignorancia, perviven en nuestro imaginario colectivo y se proyectan, para asombro de quienes aún son capaces de percibirlo, en nuestra manera de expresarnos y de contemplar la realidad. Hablamos, sin saber por completo el origen de aquello que decimos –dado el desconocimiento de la etimología–, igual que los difuntos que nos han precedido sobre la Tierra. Donde mejor se nota esta persistencia cultural es en el lenguaje, depositario de nuestra identidad. ¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de tirar de la manta? ¿Por qué poner verde a alguien se interpreta como una amenaza? Todos estos conceptos del idioma vulgar poseen esa rara capacidad de perdurar en el imaginario cultural. Proceden de un universo en apariencia desaparecido pero que sobrevive.

Las Disidencias en The Objective.

La poesía de Rainer Maria Rilke y el canto redentor de Orfeo

carlosmarmol · 27 marzo, 2026 ·

La poesía de Rainer Maria Rilke (1875-1926) tiene algo que la asemeja a las adivinanzas y a los augurios del oráculo de Delfos. Es hermética. Misteriosa. Trascendente. E, igual que en los versículos de determinados profetas –y él lo fue, sobre todo para sí mismo, antes de encarnar esta condición de guía cósmico para los demás–, en sus palabras palpita un ansia de intemporalidad que, para ser cabalmente entendida, requiere desentrañar un contexto –lo que no está dicho, pero que también forma parte del poema– que el autor checo, que siempre escribió en alemán, conscientemente no termina de revelar por completo y que, igual que los silencios en una partitura musical, son otra clase de música. El lector debe pues poner de su parte para que toda su grandeza quede a la vista. Es mucha, por supuesto, siquiera por su condición de maravillosa anomalía. En un momento de la historia cultural en el que la modernidad había dejado al individuo sin asideros –lejos del antiguo mundo encantado de la religión, frustrado ante las falacias del empirismo científico– Rilke decide ejercer la tarea de los visionarios mientras otros escritores de su tiempo se refugian en la ironía, que es la retórica ancilar del prosaísmo.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell