• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo Indie

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • El Correo de Andalucía
    • Diario de Sevilla
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • La Vanguardia
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Letra Global
    • Revista de Occidente
    • Orpheus
    • Geographica
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Los Aguafuertes
    • Las Tribunas
    • Crónicas Indígenas
    • La Noria
    • Cuadernos Apátridas
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

Literatura

Javier Marías, veneno y acero

carlosmarmol · 8 mayo, 2021 · Deja un comentario

El arte del verdugo, que consiste en matar a alguien cumpliendo órdenes ajenas, sin incurrir nunca en sentimentalismos excesivos y, a ser posible, sobre todo para el ajusticiado que se encuentra en tan dramático trance, con rigor y eficacia, es un ejercicio imposible de deslindar de la metafísica. El ejecutor de una sentencia máxima, por supuesto, no debe pensar en cosas sublimes al afrontar su trabajo, sino en los aspectos más vulgares y ordinarios de la muerte. Su desapego, que en el fondo es una manifestación refinada de profesionalidad, sin embargo, esconde casi siempre un reverso momentáneo, una pasajera cara en sombra, que le impide prescindir de la inevitable trascendencia. Aunque una guillotina opere todos los días, cada uno de ellos es distinto, igual que son diferentes sus víctimas, sean o no culpables. La última novela de Javier Marías, probablemente el mejor escritor en lengua española desde hace décadas, se adentra en esta maldición –nuestra incapacidad de pensar en el asesinato en términos morales– que vincula a quien mata con aquel que es o puede ser ajusticiado. Tomás Nevinson (Alfaguara) se presenta como una fábula con la apariencia de una novela de espías, anclada en la tradición literaria –la de Marías, obviamente– que fascina y, en paralelo, proyecta una duda existencial, una pregunta universal. ¿Matar puede ser bueno?

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Latinoamérica y otras (malas) suertes

carlosmarmol · 2 mayo, 2021 · Deja un comentario

La gran diferencia entre el periodismo excelente y el mediocre, casi siempre, es una cuestión de trascendencia. El primero es capaz de relatar los hechos sustanciales de las cosas a partir de sus causas, sus circunstancias y sus consecuencias; el segundo, en cambio, es aquel que tiende  a ponerse estupendo, lanza tesis sin sustento y convierte el acto de ir a un sitio para contarlo en una narración onanista donde quien narra es mucho más importante que lo que se cuenta. Todos los periodistas tenemos ego, pero el oficio nos ha enseñado a disimularlo, al contrario que los poetas, a los que su yo los precede y, en muchos casos, los agota demasiado pronto. En el libro (ejemplar) que el periodista norteamericano Jon Lee Anderson(Long Beach, 1957) ha publicado este año con una selección de sus crónicas sobre América Latina durante la última década –Los años de la espiral (Sexto Piso)– hay piezas maestras del arte del relato de no ficción, perfiles eternos de estatuas de carne y hueso, retratos de jerarcas, caudillos y malandros y, por supuesto, grandes historias sobre las verdades de la Política (en mayúscula) que afortunadamente no parecen ser tales.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

La metafísica del Mal

carlosmarmol · 25 abril, 2021 · Deja un comentario

La calamidad es la mayor fuente de sabiduría que existe. El dolor nos destroza pero, paradójicamente, también nos mejora. Sólo cuando sufrimos, y nos hacemos las preguntas íntimas a las que obliga la desgracia, aprendemos –en primera persona– las verdades secretas de la existencia, ese sueño que se nos antoja realidad. El Mal, como concepto, es una idea difusa que ha acompañado al hombre desde el principio de los tiempos, antes incluso de la invención de la escritura. Decimos difusa porque, a la inversa de lo que ocurre con el Tiempo, del que Agustín de Hipona dijo saberlo todo si nadie le preguntaba exactamente por él y desconocerlo por completo si tenía que describirlo en detalle, del Mal todos sabemos mucho –por experiencia, fuente del saber– pero, en el fondo, lo ignoramos casi todo. Es una experiencia concreta, personalísima, que no terminamos de definir con acierto y que, siendo tan corriente, casi un fenómeno ecuménico, continúa causándonos un insólito asombro, mucho desconcierto y pavor.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Camba, periodismo con ‘flow’

carlosmarmol · 17 abril, 2021 · Deja un comentario

El periodismo es, sobre todo, una cuestión genética. Entiéndase: los escritores de periódicos, una raza en extinción, lo mismo que los valientes indios cheyenes o los tímidos zapateros remendones de la posguerra ancestral, igual que los antiguos aguadores o los vendedores de cirios apagados, nacemos con un cromosoma dislocado y una firne voluntad –a menudo estéril– que nos impulsa a hacer una obra efímera que probablemente no valga gran cosa pero –la ingenuidad de la infancia siempre se impone a la razón– se nos antoja el sursum corda, que es la fórmula retórica con la que empiezan unas misas en las que nadie cree nadie. Ni siquiera nosotros. “Levantemos el corazón”, dice el oficiante. “Lo tenemos levantado hacia el lector”, contestamos. Pero el lector, o acaso su remedo, es escaso, no aparece o huye despavorido. Escribir artículos, reportajes y crónicas, que en el fondo son géneros similares, porque en periodismo no existen los códigos cerrados y, si existieran, sólo servirían para romperlos, es algo perfectamente inútil, pero justo por eso se trata de una forma de pasar el rato –y ganarse una vida que no merecemos– trascendente y algo misteriosa. Su inanidad es lo que dibuja el tamaño de semejante gesta. Y entre los insignes caballeros de la Sagrada Cofradía de la Columna nadie como Julio Camba (1884-1962) cuyo segundo apellido era catalán –Andreu– pero cuyo carácter nadie puede decir que no fuera inequívocamente gallego.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Rafael Berrio, el inquilino estrafalario

carlosmarmol · 11 abril, 2021 · Deja un comentario

La obra de Rafael Berrio (San Sebastián, 1963-2020) se sustenta en una rara anomalía. No es estrictamente lo que parece y, sin embargo, es absolutamente fiel a su apariencia, como si quisiera desmentir y al mismo tiempo confirmar el viejo tópico del artista atormentado. La clásica estampa del fracasado genial. El cantautor donostiarra, desaparecido tempranamente hace ahora un año, justo cuando irrumpió el Apocalipsis en nuestras vidas, encarnaba un ideal literario –el del creador maldito– dentro de un esqueleto –limitado y escueto– de carne y hueso. Contingente. Era como uno de esos desconocidos que a veces encontramos por la calle y, al mirarlos durante un instante, nos resultan inquietantemente familiares. Como si fuera nuestro gemelo o un sosias. Una extraña réplica de nosotros mismos. Fue un tipo con un talento superlativo que tuvo el buen gusto de practicar la virtud de la discreción. Su carrera como músico, fluctuante e irregular, no arrancó hasta hace una década, cuando comenzó a publicar (con su nombre) una serie de discos personalísimos, editados por sellos independientes, donde la música impulsa un caudal de palabras extrañas que, siendo nuevas, parecen venidas de un pretérito remoto, diríamos que deliciosamente anacrónico. Berrio no es únicamente un creador de canciones ni un dotadísimo letrista. Es otra cosa: una atmósfera.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 61
  • Ir a la página 62
  • Ir a la página 63
  • Ir a la página 64
  • Ir a la página 65
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 136
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell