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Literatura

Ferlosio, la estatura de la inteligencia

carlosmarmol · 16 junio, 2019 · Deja un comentario

“Ni siquiera los amigos deben ver a los ladrones cuando están en su guarida”. La frase, extraída de Alfanhuí, su primera novela, una fábula fantástica, el único libro de su obra que, con su modestia carpetovetónica, consideraba que realmente merecía el aprecio literario, al contrario que los demás, retrata bastante bien a este huraño ogro del barrio de la Prosperidad (Madrid), señor sombrío del verano en Coria (Cáceres), una infancia –lejanísima– en un palazzo destruido por el tiempo y el desencanto, y unos ancestros –el intelectual falangista Sánchez Mazas, superviviente casual de su propio fusilamiento; y Liliana Ferlosio, hija de un banquero del Vaticano–, que construyen, sumados, los elementos de una biografía atrabiliaria e imposible de repetir en estos tiempos llenos de simulacros. Rafael Sánchez Ferlosio fue –hasta ayer– un personaje irrepetible. Probablemente el mayor de los escritores del castellano peninsular. Un clásico indudable. El último de los niños de la guerra. Representante terminal de los escritores de nuestra gris posguerra de gasógeno y hambre. Y nombre señero de eso que durante un tiempo se llamó Generación del 50. Y quizás, junto a García Calvo, con quien compartió círculos de intereses y experimentos químicos, uno de los grandes cultivadores de la literatura de ideas, capaz de escribir con maestría en un español argumentativo, poblado por frases que funcionan como esqueletos de pescado.

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Libertad se escribe con Ñ

carlosmarmol · 9 junio, 2019 · Deja un comentario

Últimamente existe la costumbre, que podríamos considerar patológica, de explicar(nos) el valor de las cosas en función de su potencialidad comercial y de su rendimiento económico. El dinero, valor supremo de las sociedades humanas, reduce a cifras contables lo que somos, que es básicamente aquello que pensamos y expresamos a través de la lengua, la arquitectura invisible de nuestra existencia. Esta semana ha comenzado en Córdoba (Argentina) el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española con el desfile de próceres y autoridades, y el azar ha querido que la noticia del insigne evento panhispánico coincida con el anuncio de un acuerdo institucional para que la Real Academia (RAE) reciba de las arcas públicas un rescate del Estado –“una solución estable”, según su director, Santiago Muñoz Machado, ilustre jurista– por valor de cinco millones de euros. La subvención, que no otra cosa es esta línea de crédito, suscita las dudas de si la institución que la recibe va a ser, como sucede en tantos otros ámbitos sociales, controlada o sometida por el poder político, que es quien administra (a su capricho) la hacienda común. Los jerarcas de la Academia lo niegan. Pero la duda es lícita. Y aún más: lo extraordinario es que en un país como España, donde hay españoles que cuestionan el uso mismo del español como idioma común, la segunda lengua del mundo desde el punto de vista fáctico, esta cuestión no esté aún resuelta.

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Día de la poesía, reivindicación de la prosa

carlosmarmol · 3 junio, 2019 · Deja un comentario

La Unesco, dentro de su calendario oficial de celebraciones planetarias, estableció en 1999, que es casi como decir anteayer, que el 21 de marzo debe ser el Día de la Poesía, esa diosa esquiva. Eligió para tan ilustre conmemoración el equinoccio de primavera, suponemos que por aquello de vincular el espíritu lírico con la estación que mejor simboliza el renacer de la vida, tras el otoño y el invierno, periodos del año relacionados con el crepúsculo. Como todas las efemérides, estén o no sustentadas en hechos históricos, se trata de una convención: es una manera de recordar que existen hechos culturales que merecen ser celebrados, lo cual no implica que sean asumidos de forma ciega. La poesía existe desde el origen de los tiempos como una forma de expresión humana que, en contra de lo que suele pensarse, no es artificial, sino absolutamente natural. Los primeros balbuceos de la civilización son poéticos en sentido estricto: una creación espontánea, no sujeta a reglas, que transmite sentimientos íntimos y, en ocasiones, logra algo tan difícil como emocionarnos. Nada que ver necesariamente con el ejercicio del verso –tradicionalmente considerado su vehículo esencial– ni con el arte de las combinaciones estróficas y las sílabas medidas.

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Delibes, un clásico sin épica

carlosmarmol · 26 mayo, 2019 · Deja un comentario

“Donde dos (o más) se juntan en mi nombre, ahí estoy yo”. La cita del evangelio de Mateo es el consuelo pálido de todos aquellos que se han ido de este mundo. El único remedio a nuestro alcance para lograr eso que los cristianos llaman inmortalidad. En literatura, en cambio, la vida eterna es que te sigan leyendo mucho después de haber abandonado la Tierra, aunque a veces esta suerte (esquiva) se confunda con el hecho –tan prosaico– de que te organicen un centenario. Raros son los casos en los que ambas circunstancias coinciden. Uno de ellos es el de Miguel Delibes, de cuyo fallecimiento, nonagenario, se cumplen nueve años, justo 19 meses antes de que comience oficialmente la celebración del centenario de su nacimiento, previsto para el 17 de octubre del todavía incierto 2020.

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Cela, treinta años después del Nobel

carlosmarmol · 19 mayo, 2019 · Deja un comentario

A Camilo José Cela le gustaban mucho los tangos, así que, emulando el clásico escrito por Gardel y Le Pera, podríamos decir que 30 años (después del Nobel) no es nada. En su caso literalmente: su cuerpo, desmesurado y disarmónico, no camina por la faz de la Tierra hace ya la friolera de 17 calendarios. Ni siquiera pisando la dudosa luz del día, que fue el hermoso título que escogió para su primer libro de poemas, tomándole prestado un verso a Luis de Góngora y Argote, al que sustituiría como devoción principal por Quevedo. Con 20 años, cortos pero no ingenuos, el poeta secreto que pasaría a la historia como prosista brillante y novelista de éxito cerraba este volumen de versos de tanteo con un Himno a la muerte: “Ven, descansada Muerte, bajo forma de junco./ Muerte, Muerte de un golpe, clara Muerte rotunda”.

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Ilustraciones: Daniel Rosell