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Política

Partitura del ocaso susánida

carlosmarmol · 2 abril, 2021 · Deja un comentario

El poder tiene, en sentido estricto, dos rituales básicos. Ambos se consuman cuando se ejerce una magistratura política. El primero es una autocelebración: el personaje ungido (sea por los votos o por el dedo de un superior) se recrea en sí mismo en una ceremonia que tiene como objetivo escenificar su llegada a la cúspide y evidenciar, para que nadie se lleve a engaño, el afán de perdurar (eternamente) que acompaña a cualquier clase de mando. El segundo asienta las bases del primero. Consiste en formar una corte cuya fidelidad puede parecer espontánea y sincera, pero que, en el fondo, siempre responde a intereses fenicios. Mientras más grande es la capacidad para designar a otros, mayor es el ascendente interno y externo del líder, que a partir de entonces tiende a convertir su elección (o designación) en una suerte de caudillaje. En el devenir del socialismo andaluz, sumido en una honda crisis desde que hace dos años perdió el poder institucional en la gran autonomía del Sur, ocurre lo mismo que sucede cuando, rebasados más o menos los cincuenta años, la muerte de tus progenitores anuncia la tuya. En ese instante ya sabes perfectamente lo que ocurrirá, pero te resistes a aceptarlo, como si todavía gozaras de la apariencia de inmortalidad propia de la juventud o el tiempo fuera a hacer una excepción contigo en su férreo ciclo de degradación perpetua.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Un puente sin plata

carlosmarmol · 31 marzo, 2021 · Deja un comentario

«Cuando lleguemos al río, cruzaremos ese puente», solía decir Griñán (José Antonio) antes de ser condenado por los ERES, el escándalo que le obligó a dejar de forma abrupta el Quirinaleen manos de Su Peronísima, que tardó exactamente veinticuatro segundos en olvidarse de su mentor -dicen que tras recibir la magna herencia no se dignaba ni a recibirlo- y empezar a pensar que había llegado a San Telmo por sus méritos. Los socialistas, que en aquel momento eran todos peronistas rocieros, repetían la frase sin mesura, ignorando a su autor –Julio César, un dictador ajusticiado por sus propios patricios– y el momento exacto de pronunciarla –la Guerra de las Galias–. Les parecía una forma solemne de dilatar los acontecimientos políticos (sobre todo cuando éstos son problemáticos). Nadie, sin embargo, se preguntaba si tal paso del río implicaba una victoria o anunciaba una calamidad.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El carrusel de los idiotas

carlosmarmol · 29 marzo, 2021 · Deja un comentario

Que la política se ha convertido en un extraordinario negocio (para políticos y asimilados) no lo duda casi nadie. Las últimas estadísticas, como recordaba aquel famoso poema de Dámaso Alonso, cifran exactamente en un 10,8% el hundimiento de la economía española por la acción conjunta de la pandemia, el confinamiento y el ciclo (infinito) de aperturas y cierres de actividad y movilidad (relativa) perpetrado durante estos últimos doce meses por la Moncloa –que dimitió enseguida de esta responsabilidad, en cuanto descubrió el riesgo de radiación que implicaba el hecho de tener que gobernar– y las autonomías, que recortan las libertades públicas y privadas sin tener verdaderas competencias legales, mientras una judicatura (politizada) y el resto de las instituciones miran para otro lado. Como los cierres perimetrales son en gran medida virtuales –los cumplen únicamente los ciudadanos responsables–, la epidemia continúa extendiéndose, mutando en distintas cepas cada vez más extrañas y asentándose en nuestras vidas sin que nadie parezca capaz de ponerle remedio a tanta calamidad. Tampoco avanza la vacunación: faltan dosis y, para empeorar el cuadro, las dudas sobre los riesgos de la vacuna de Oxford –AstraZeneca– han convertido la oportunidad (ahora mismo remota) de ser vacunado en una suerte de lotería de Babilonia.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Virginia Pérez, lealtad variable

carlosmarmol · 26 marzo, 2021 · Deja un comentario

En la política indígena no hay outsiders. Hay envidiosos. Todos los que aspiran a pintar algo en ella se mueven por la ambición de ser parte de un sistema que no quieren tanto cambiar como desean encabezar. Tampoco existe la fidelidad a personas e ideas. La norma general es el interés (fenicio) y el relativismo moral. Todos estos ingredientes están presentes en la carrera pública de Virginia Pérez Galindo (Sevilla, 1979), presidenta electa del PP de Sevilla en contra de los deseos del ReverendísimoBonilla y laureada en el último congreso de la organización con tantos votos como irregularidades, ninguna de ellas inocente. Hija de un policía y de una cocinera, Pérez Galindo se crió en Barcelona hasta que su familia se instaló en San José de La Rinconada un año después de la Exposición Universal. Estudió la carrera recurrente entre los benjamines que se afilian a Nuevas Generaciones -Derecho-, y no tardó en presentarse a la alcaldía de su pueblo, con escaso éxito, para apuntarse después a las listas municipales de Gines. Para entonces ya había decidido hacer de la política su oficio, su beneficio -como diputada cobra 3.791,83 euros- y su familia (está casada con Eloy Tarno, concejal en Lora del Río y, antes, secretario general del partido).

El Bestiarium en El Mundo.

El Quirinale contra Génova

carlosmarmol · 26 marzo, 2021 · Deja un comentario

Muchos ciudadanos piensan que el optimismo es una virtud saludable en política, pero puede tener consecuencias catastróficas. El escritor inglés G.K. Chesterton, que practicó como nadie la inteligencia paradójica, sostenía que un optimista cree mucho en los demás, mientras que un pesimista únicamente confía en sí mismo. Nadie diría que Juan Manuel Moreno Bonilla, el presidente de Andalucía desde hace dos años, el único no socialista en la historia de la gran autonomía del Sur, presta excesiva atención a los malos augurios. Entre otras cosas, porque su carrera política personal se debe a una extraordinaria carambola de la suerte. Cuando en diciembre de 2018 entró en el Quirinale de San Telmo, sede de la Presidencia,  gracias al pacto de las tres derechas –que van camino de convertirse únicamente en dos– lo hizo merced a una inaudita constelación planetaria, una suerte de eclipse que hizo coincidir en el tiempo el desgaste del PSOE, acelerado tras el lustro crepuscular que significó la ‘era susánida’, la irrupción de Vox en las instituciones y la decisión de Cs, que sostuvo a Susana Díaz en su última legislatura, antes de la caída de Troya, de cambiar de socio político.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

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Ilustraciones: Daniel Rosell