• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
carlosmarmol.es

carlosmarmol.es

Periodismo Indie

  • Inicio
  • Biografía
  • Periodismo
    • El Correo de Andalucía
    • Diario de Sevilla
    • El Mundo
    • Crónica Global
    • La Vanguardia
  • Literatura
    • Libros
    • Revistas
  • Filología
    • La retórica del prosaísmo
    • Academia
  • Dirección Editorial
    • Letra Global
    • Revista de Occidente
    • Orpheus
    • Geographica
  • Bitácoras
    • Disidencias
    • Cuadernos del Sur
    • Los Aguafuertes
    • Las Tribunas
    • Crónicas Indígenas
    • La Noria
    • Cuadernos Apátridas
  • Contacto
  • Show Search
Hide Search

Política

La rebelión de los Borgia

carlosmarmol · 9 noviembre, 2019 · Deja un comentario

La cosa tiene mérito: una semana después de que los susánidas –la Cofradía Apocalíptica de la República Indígena, conocida también como la Iglesia de la Reina (marchita) en sus últimos días– admitieran que el Parlamento no es “un lugar de trabajo”, los socialistas (o lo que queda de ellos) han contribuido con su rebeldía (pensionada) a satisfacer a las derechas, que deseaban aprovechar la comisión de investigación de la Faffe para organizar un paseíllo previo al 10N. No es la primera vez –ni será la última– que los partidos usan la autonomía para fines políticos inmediatos. Los socialistas han sido cuatro décadas maestros en el arte de la patrimonialización institucional, cuya herencia (consentida) demuestra que el cambio no ha venido, ni vendrá, condenándonos al escabeche. Nihil novum sub sole, como dice (en latín) la Vulgata. Lo novedoso no es la intención de PP, Cs y Vox de poner el foco en un caso que es la metáfora del absolutismo peronista, sino que los responsables de esa revolución, cuyo grito de guerra era “Prostíbulos para todos”, se nos pongan dignos en la cámara, se hagan las víctimas y dejen plantados a los que, nos guste o no, son los representantes de los ciudadanos.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La desmemoria (política) en Andalucía

carlosmarmol · 8 noviembre, 2019 · Deja un comentario

La memoria, ese atributo del alma, es lo que nos permite ser como somos. Sin ella no existe la identidad ni tampoco la cultura, pero está en crisis. Valentí Puig lo expresa en su último ensayo –Memoria o caos (Destino)–, donde escribe: “En la segunda década del siglo XXI, la memoria dura lo que dura una pieza de Bansky, concebida para autodestruirse (…) Occidente padece una amnesia cultural cuyos efectos son los olvidos de la masa que, siglos después de la moral heroica, anulan toda noción de bien común”. El fenómeno de la desmemoria –tácita o expresa– se ha convertido, paradójicamente, en uno de los cimientos más sólidos de la política posmoderna, para la que antes del interés general prevalece la conquista del poder. En este contexto, analizar la realidad con profundidad crítica equivale a cometer una herejía. Profesar principios morales se considera una rémora. Y tener memoria, estorba. Asombrosamente, los políticos reivindican la “memoria democrática”, que es una suerte de oxímoron porque recordar es un ejercicio individual que no está sujeto a la ley de las mayorías.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Las cartas del hastío

carlosmarmol · 8 noviembre, 2019 · Deja un comentario

Interior día. Portal de tu casa (que es del banco). Abres el buzón y, además de las facturas del Ibex, te encuentras una avalancha de cartas con la efigie de tipos sonrientes (que mienten) llenas de redundancias hueras, impostores que imprimen la bandera en los sobres, y la casquería electoral de rigor. El domingo se vota (otra vez). Entre el acoso epistolar, hecho en serie y cuyo coste (inútil) sale de nuestros bolsillos (ellos nunca pagan nada), te topas con el azul eléctrico del PP (¡ah, la grandeur!), el rojo diluido del PSOE, la cartita de Rivera (que no pensamos oler) y una colorista misiva de Unidas Podemos, que son los Adelante Andalucía, o quizás no del todo, porque tienen más nombres que votos. En esta última, se supone que para animar al personal, pone: «Esta carta no es de ningún banco». ¿A quién se le habrá ocurrido semejante genialidad? Bertolt Brecht, comunista sin partido, escribió: «Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo». Aunque sea un banco público, ese oxímoron.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El ‘remake’ de las dos Españas

carlosmarmol · 8 noviembre, 2019 · Deja un comentario

Las elecciones del domingo, donde los líderes de los partidos políticos se lo juegan casi todo, aunque cada uno de manera diferente, igual que en la novela de Tolstoi, presentan su mayor incógnita no tanto en quién será el ganador –porque la mayoría parlamentaria volverá a depender, salvo sorpresa mayúscula, de los pactos–, sino en cómo se traducirá, desde el punto de vista electoral, el cabreo infinito que provoca la deriva de la vida pública española, encerrada –y sin salida aparente– en sus obstinados ritornellos. Más que unas elecciones generales, el 10N es la fecha del plebiscito definitivo sobre el experimento Sánchez, que puede salir malherido del trance que él mismo ha provocado. La campaña, desde luego, es fútil: lo que se va a dirimir en las urnas son los intereses y aspiraciones personales de los políticos, no los problemas de una sociedad que sigue abierta en canal por cuestiones (capitales) de las que nadie se ocupa.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Aquí no se trabaja

carlosmarmol · 2 noviembre, 2019 · Deja un comentario

Sumergidos ya en la enésima campaña electoral -la más corta e inútil de la historia- contemplamos a los candidatos (de siempre) repetir los argumentarios de hace mil años, tratando de hacer verosímil este cuento insoportable. Y, de repente, sorpresa: los escuderos susánidas, Fiscal y Haro, Haro y Fiscal, montan un numerito en el Parlamento a cuenta de la citación de Su Peronísima (reducta) para la comisión de la Faffe, argumentando que en las Cinco Llagas, donde fueron a acercarle el papelito de la convocatoria, no se puede notificar nada a la Reina porque la cámara legislativa «no es un lugar de trabajo». Por fin alguien lo admite: el símbolo máximo de esta autonomía (fallida), creada gracias a la coyunda entre los liberales del tardofranquismo y los socialistas que se afeitaron la barba, no sirve para nada. ¡Bravísimo! Claro que si el Parlamento no es «un lugar de trabajo» -como sostiene el dúo susánida– y el autogobierno es un fake, ¿por qué diablos cobran los diputados? Ah, misterio.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 205
  • Ir a la página 206
  • Ir a la página 207
  • Ir a la página 208
  • Ir a la página 209
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 338
  • Ir a la página siguiente »

carlosmarmol.es

Copyright © 2026

Linkedin | Medium | Academia | Twitter

Soundcloud | Pinterest | Youtube

Ilustraciones: Daniel Rosell