EL golpe de efecto de Pedro Sánchez, aquel candidato que iba a las agrupaciones indígenas del partido con una mochila vacía en la última gran guerra civil socialista, ha dejado muy descolocados a los susánidas, que ven a su último enemigo íntimo alcanzar la cumbre y contemplan cómo incluye a astronautas en un Ejecutivo que, pese a las buenas sensaciones, todavía debe demostrar su valía. Todo lo contrario a la lógica (absolutista) que rige en la República Meridional, donde los sucesivos gobiernos de Su Peronísima provocan el mismo entusiasmo que un grillo mojado. La gran diferencia entre los embajadores de Moncloa y los del Quirinale es que los primeros no sabemos aún si serán buenos; los segundos, en cambio, conocemos con certeza que no son los mejores.
Política
Retrato de alcalde con traje
Lo primero que hace un político indígena cuando llega a un cargo público, por supuesto gracias al divino dedo de Su Peronísima, dueña omnipotente de la suerte de todas sus huestes, es comprarse un traje. Entallado, discreto, sin alharacas. Un terno que transmita seriedad, eficacia y prudencia, probablemente tres cualidades que hasta entonces no ha visto en su vida (orgánica) ni por el forro. El prócer (en potencia) cree firmemente en la máxima antigua: el hábito no hace al monje, pero lo contribuye. Un político sin traje y corbata no parece ser un buen político, suponiendo que tal categoría exista. Y mucho menos en la República Indígena, donde a Ella le gusta (bastante) que sus colaboradores transmitan la cara más amable del susanato con corbatas alegres y sonrisas constantes. El lado oscuro del poder debe camuflarse con simpatía full.
La Cataluña tenebrosa
Lo más increíble del (interminable) viaje hacia ninguna parte que desde hace décadas viene haciendo el nacionalismo en Cataluña, transmutado en soberanismo cuando el egoísmo cerril de la endogámica tribu original chocó con el interés general, que es la caja común del Estado, no es el vodevil del prusés, ni la fantochada del falso referéndum del 1-O; ni siquiera la aplicación (ganada totalmente a pulso) del artículo 155 de la Constitución, sino la traición del separatismo a su propia tradición cultural. A sus fuentes ideológicas previas. En España hay quien piensa que el regionalismo catalán –una forma de reivindicación política no necesariamente rupturista– es el verdadero origen de la calamitosa situación política de Cataluña. Otros, en cambio, creen que aquella fase histórica benefició no sólo a muchos catalanes, sino también al resto de España porque animó a otros territorios a aspirar a la misma idea de progreso que Cataluña ha representado (hasta ahora) desde finales del XIX.
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global
Flores muertas & martelos
La vida es una noria. Unos días estás arriba; otros, abajo; entremedias, en mitad de camino entre la cumbre y el infierno. Pedro Sánchez, investido por el Congreso nuevo presidente del Gobierno sin haber sido elegido en las urnas, estaba hace algo más de un año en el paro, que es lo más parecido al ostracismo de los clásicos. No contaba para nadie, carecía de poder alguno y pareciera que el destino le había reservado un papel secundario tras haber sido la patética marioneta de los intereses cruzados de las distintas famiglias de su partido. En sólo un año ganó las primarias y se ha alzado -con el inquietante apoyo de los nacionalistas- con el mando gubernamental sin que nadie, probablemente ni él mismo, lo esperase.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
Murphy en Cataluña
La ley de Murphy es infalible. Sobre todo en Cataluña. El culebrón independentista, que sigue con su particular farsa con una insistencia que sólo es comparable a la de la tortura malaya, arroja todas las semanas nuevos episodios para el absurdo donde se mezclan el cesarismo posmoderno –con el prófugo Puigdemont como iluminado– con el surrealismo. Lo último es el enésimo intento de investir in abstentia al exiliado, una operación que jurídicamente tiene muy escaso recorrido dados los fallos judiciales previos, pero que es la única ¿idea? que de momento propone la coalición soberanista, a la que todo le da igual. Ellos continúan a lo suyo, que es mantener artificialmente el pulso con el Estado en una huida hacia adelante que tiene visos de mantener la suspensión de la autonomía de forma indefinida y merecida.
Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.
