Zoido vuelve. ¿Es que se había ido a algún sitio? En realidad, y pese a las apariencias, nunca había estado. El alcalde de Sevilla, que llegó al poder tras una campaña electoral perpetua de cinco años, no ha sabido ralentizar a tiempo la rueda política y, dos años y medio después de irrumpir en la Alcaldía con brío épico, se encuentra ahora con que tiene unas elecciones municipales a la vista –dentro apenas de un año largo– mientras deja detrás suya el fracaso mayúsculo de haber devuelto al PP andaluz en una posición secundaria dentro de la política autonómica. Toda una paradoja si se tiene en cuenta que Javier Arenas ganó las elecciones regionales, aunque sin mayoría suficiente para gobernar.
Política
Ecuménico a destiempo
Probablemente quedará reseñado en los libros (menores) de historia local. Dos años largos después de su rotunda victoria en las urnas, Zoido (Juan Ignacio) parece haberse dado por fin cuenta –laus deo– de que gobernar Sevilla con cierta altura de miras, en vez de con el habitual sectarismo sociológico, puede ser no sólo mucho más útil para todos, sino bastante más fructífero para él mismo si lo que pretende es volver a ganar las elecciones con alguna garantía de no hacer el ridículo. Acaso sea ya demasiado tarde, pero el regidor ha sorprendido esta semana en su discurso de inauguración del X Festival de Cine con una intervención de corte ecuménico en la que reivindicó la vigencia del certamen cinematográfico por encima de los cambios políticos que puedan sucederse en el seno del Ayuntamiento.
Los padres de la patria
Convendría poner en cuarentena el lugar común que acostumbra a asociar el porvenir de las patrias con el ejercicio del derecho o la educación. Estamos gobernados por abogados y maestros que, en realidad, en el fondo no son ninguna de ambas cosas, sino políticos cuya máxima aspiración es convertirse en padres de la patria. Un estudio de la UPO nos ha desvelado esta semana que el perfil medio de nuestros representantes políticos abunda en profesores de escuela, docentes y juristas más o menos versados en la carrera de leyes. Vivimos en una autonomía regida por profesionales, se dirá.
La doble moral
Estar parado, además de ser una desgracia, se ha convertido en un estigma. Que a uno lo despidan carga toda la responsabilidad de la situación en la víctima, en lugar de hacerlo sobre el verdugo. Perdónenme la crudeza, pero una resolución de contrato –como llaman los abogados de empresa a un despido– viene a ser como un funeral: hay un muerto (tú), un verdugo que, como en las películas de Berlanga, dice que lo siente mucho pero es su oficio, y un largo duelo que abarca a los familiares y a los amigos (que a partir de entonces te queden).
Bajada de impuestos, incertidumbre electoral
La desesperación hace milagros. Zoido (Juan Ignacio) ha decidido que su tercer año de mandato (ya no podemos decir triunfal, aunque así empezase) va a baja los impuestos a los sevillanos. Aleluya, dirá alguno. Conviene tener prudencia: la rebaja fiscal anunciada esta semana por el alcalde hispalense puede ser más relativa de lo que se augura en función de lo que haga el Estado central con el resto de sus figuras tributarias. A la espera de ver en qué queda la cosa, los datos oficiales indican que el descenso general en este tributo local será el próximo año de un 13%, lo que se traduce en un ahorro teórico de 52 euros al año en la factura del IBI. El impacto que esta decisión tendrá en las arcas municipales asciende a 33 millones de euros.
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