Elogio de las bibliotecas

Ahora que se ha muerto Ray Bradbuy, entre los obituarios de ocasión (casi el último género literario que subsiste en los periódicos: la muerte es la única cosa imperecedera) leo uno, excelente, de Pablo Scarpelli que además de glosar la figura del escritor fantástico, marciano como sólo puede serlo un tipo de Los Ángeles (California), resalta entre los factores que contribuyeron a la forja del finado. Esto es: no relata el ejercicio de iniciación a la vida por el que pasamos, aunque sea de forma distinta, todos. En su caso los ingredientes esenciales fueron su amor por las biblotecas públicas y, en concreto, su devoción confesa por el coliseo de libros (una monumentalidad espiritual) del centro público de lectura de […]

El gramático impertinente

La peña anarquista zamorana está de luto. Se ha muerto el maestro. El último sabio. Su deceso significa que el polen de la semilla subversiva, en este caso fruto de la cultura y de la pedagogía, disciplinas que siempre hablan en son de paz, buscando convencer en lugar de imponer, no volverá a soplar nunca más desde las maravillosas peñas de la menor de las ciudades de Castilla la Vieja.

Fuentes, mural mexicano

Los obituarios últimamente se han convertido (casi) en el único género posible de la crónica literaria, redundancia expresiva y, en este caso, pertinente si hablamos de metaliteratura: aquella que trata de los demonios ocultos que se esconden bajo de los libros. En lugar de descubrirnos los aciertos de la narración, la singular visión del escritor, la técnica utilizada o el mensaje de los libros, los periódicos, en los que ya no se escribe desde hace tiempo la prosa deslumbrante de hace algunas décadas, señal quizás de que por eso se van a ir muriendo poco a poco, se han llenado durante los últimos días de mayo con los réquiems de ocasión –unos magníficos, otros hechos para salir del trance– por […]

Nueva York, las huellas robadas

Las brújulas nos engañan. Los puntos cardinales mudan de sitio y lugar. Depende de dónde estés exactamente y, sobre todo, del tiempo. De la relatividad. Por eso los espacios que hoy nos parecen el centro del orbe, el lugar donde se concentran las fuerzas telúricas del mundo moderno, pueden estar, o haber sido, apenas un sucio paraje lleno de rocas, agua y vegetación triste. Ante tal descubrimiento nos sucede como a Borges con la ciudad de Buenos Aires: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire”. A Nueva York le pasa algo parecido. Nos parece que siempre estuvo ahí, en el Noreste del continente americano, rotunda y eterna. Y […]

La forja secreta del diablo

“No temo nada ni quiero nada». Las renuncias nos convierten en seres indestructibles. Hunter S. Thompson (Louisville, Kentucky, 1937-Woody Creek, Colorado, 2005) escribió esto a una amiga en 1958. Empezaba a ser consciente de la dureza del oficio de escritor, que entonces se diferenciaba muy poco del periodismo. Ambos consisten en lo mismo: sentarse ante el folio y dejar que fluya el interior. Si tienes talento serás una referencia. Pero si sólo eres “un cagatintas” puedes ir y apuntarte al club de los rotarios, uno de los poderes fácticos que, según él, condicionaban el periodismo norteamericano. La suya siempre fue una senda alternativa, mayormente tremendista.