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Clarín, en los suburbios del Parnaso

carlosmarmol · 28 julio, 2018 · Deja un comentario

Los periodistas sabemos de antemano que nuestro destino no es el Monte Parnaso, el imaginario hogar de los grandes poetas clásicos. Lo nuestro, si hay suerte, es un humilde rincón del Infierno del Dante. Y a Dios gracias. Es lo que tiene lidiar todos los días con la cruda realidad: no hay tiempo disponible para los juegos líricos ni el cultivo de las flores extrañas. La cosa es ya, aquí, ahora. Sin tiempo y (casi) sin pensar. Y, sin embargo, en esa urgencia, propia de un oficio post-industrial que se desangra, reside la mayor eternidad que imaginarse pueda: la de lo inestable. El periodismo es una literatura​ milagrosamente perdurable que se basa en la fugacidad. Un género tan frágil como inequívocamente moderno, a cuya estirpe se acogen aquellos que saben que para aprender a escribir no hay más escuela que hacerlo un día tras otro, como un galeote. Y el único sitio en el que –antes– pagaban por perder tan divinamente el tiempo son los periódicos, donde la prosa entra con sangre.

Las Disidencias del martes el #LetraGlobal

El aguijón de la abeja

carlosmarmol · 28 julio, 2018 · Deja un comentario

Una de las anomalías de nuestra democracia es que los presidentes disuelvan el parlamento, emulando el poder absolutista que ejercían los reyes del Antiguo Régimen para deshacerse de las cámaras que les resultaban hostiles. La prerrogativa rige también en las autonomías, cuyos jefes de escuadra disponen de la voluntad popular -reunida bajo techo consagrado- a su real capricho, como si el poder legislativo fuera su saloncito de estar o el cóctel donde se congrega a los pesebristas para que consumen el besamanos del anillo. Técnicamente, la disolución del legislativo es una forma de resolver los pulsos con el ejecutivo. Como un parlamento puede derrocar a un presidente, éste decide cuándo termina la legislatura.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo. 

La Sevilla de Luis Gordillo

carlosmarmol · 25 julio, 2018 · Deja un comentario

El gran patrimonio cultural de la Sevilla contemporánea no está -sólo- en sus monumentos y en su historia, sino en su soberbia, y casi diríamos que entrañable, galería de heterodoxos que ya no son heterodoxos, sino sencillamente sevillanos raros. Ya saben: esos tipos extraños que habiendo nacido aquí -cosa de la que ninguno tiene responsabilidad- un buen día decidieron que no continuarían alimentando el deplorable arquetipo del sevillano clásico y prefirieron convertirse -contra viento y marea- en ellos mismos. Unos marcianos absolutos rodeados de una constelación de tribus indígenas que todavía creen representar la normalidad.

La Noria del miércoles en elmundo.es

El sainete de la televisión

carlosmarmol · 23 julio, 2018 · Deja un comentario

El respeto que un gobernante siente por los ciudadanos a los que representa se concreta en la televisión pública que tenga bajo su mando. Esta máxima explica, además de otras muchas cosas, las notables diferencias entre la BBC y Radio Televisión Española​, que esta semana ha sido la moneda de cambio –fallida– entre los neosocialistasy Podemos, obsesionados con el control del ente público, donde trabajan 6.400 trabajadores y se administra un presupuesto, probablemente excesivo, de mil millones de euros.

Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global.

Orwell, ocho décadas después del espanto

carlosmarmol · 22 julio, 2018 · Deja un comentario

La verdad de un escritor​ está en sus libros. Incluidos aquellos en los que, con la prerrogativa que otorga el arte de la ficción, miente, disimula, embellece o matiza su existencia. Todos los recursos de la enunciación retórica –que eso, en definitiva, es la literatura– no son suficientes para impedir que en algún momento la identidad de quien escribe salga a la luz a pesar de los camuflajes inherentes al oficio. En el caso de George Orwell esta norma es quizás aún más exacta. Aunque conviene comenzar con una advertencia para navegantes: el escritor británico no es ajeno al arte de la simulación. Baste reparar en que su nombre no era su nombre, sino un seudónimo inventado a partir de un juego de palabras que vincula al patrón oficial de Gran Bretaña –Saint George– con un río –el Orwell– que desemboca en el Mar del Norte. Eric Arthur Blair empezó su carrera literaria con una mentira que terminaría siendo verdad.

Las Disidencias del martes en #LetraGlobal.

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Ilustraciones: Daniel Rosell