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Retrato de Menéndez Pidal (con Juaristi al fondo)

carlosmarmol · 6 julio, 2024 ·

De las innumerables formas en las que puede describirse a un hombre, y son legión, a Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), cuyo nombre acostumbra a venir antecedido del don, como si el tratamiento de respeto y la admiración en su caso fueran un sello de serie, igual que el haz que contiene los rasgos genéticos, le cuadraría el de sabio entre dos ingenuidades. Maestro de la filología, historiador de fuste, medievalista esforzado, su figura se presta a una biografía de época: la España que discurre, entre calamidades y alegrías, entre el último tercio del siglo XIX y el estallido del mayo francés, tras el cual se despidió de este mundo como burlándose de la lógica de los números redondos, con 99 años exactos, justo antes de alcanzar el siglo. No fue su única singularidad: otra consiste en haber pertenecido –sin que muchos lo recuerden– a la Generación del 98, que es la que estrena la Edad de Plata de la cultura española.

Las Disidencias en The Objective.

La topografía (sucia) de los ERE

carlosmarmol · 5 julio, 2024 ·

Una de las razones (categóricas) de que en Andalucía no exista, como sucede en Catalunya u ocurre en el País Vasco, un sentimiento de identidad nacional, esa destilación de los anhelos de grandeur de las burguesías periféricas del XIX, es que por el Sur de España han transitado desde tiempos ancestrales –y se han ido asentando sin excesivas discordias– todas las culturas mediterráneas. El Mediodía español es un crisol de naturaleza mestiza. Nadie, salvo aquellos a los que, como decía Borges de los peronistas, cobran por serlo, cree devotamente en un hecho diferencial o en la existencia de un gen –sea biológico o mercantil– singular. Andalucía es una destilación bastarda en la que se mezclan muchos vinos distintos en diferentes odres. Sólo existe un elemento transversal en la mentalidad meridional: la voluntad de no volver a ser relegados por nadie –sea de derechas o de izquierdas– a un subdesarrollo que beneficie a otros a costa del porvenir de Andalucía.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Una abstracción judicial y una verdad empírica

carlosmarmol · 4 julio, 2024 ·

Es natural que un espectador ajeno a la política y lego en leyes contemple con asombro el espectáculo de ver a los dos órganos judiciales superiores de España pronunciarse de forma dispar, o abiertamente contradictoria, sobre los mismos hechos. El derecho no es una ciencia exacta. Al fin y al cabo, se basa en la exégesis (razonada) de las leyes y su fortaleza deviene de la capacidad de argumentación (jurídica) de sus ministros. Una sentencia debe explicarse a sí misma y persuadir –a las partes y al resto de la sociedad– de que hace realmente justicia. En el caso de la revisión por parte del Tribunal Constitucional de la condena del caso ERE, una trama clientelar organizada por altos cargos del PSOE andaluz que desviaron 680 millones de euros gracias a un sistema para subvencionar en serie, igual que en una cadena de montaje, despidos anticipados, incluso en empresas solventes, estas dos condiciones no se vislumbran. El Constitucional, por supuesto, se explica, pero sus razones no persuaden a todos. Incluidos cuatro de sus miembros, que han emitido votos muy críticos.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Catequesis y malversación

carlosmarmol · 4 julio, 2024 ·

“No te gobiernan textos, sino tratos”, escribió Francisco de Quevedo en uno de sus célebres sonetos satíricos contra los desmanes de la justicia y los negocios, no precisamente piadosos, de los magistrados en la España de su tiempo. El poeta madrileño, que murió sin ver resuelto el eterno pleito sobre su señorío en la Torre de Juan Abad, al cuidado postrero y piadoso de los frailes dominicos de Villanueva de los Infantes, sufrió en carne propia las arbitrariedades de los tribunales, que retorcían las pragmáticas, edictos y órdenes de la Corona –hablamos de una monarquía absolutista–, según fuera el interés en venta o conviniera al deseo ajeno de un tercero, a menudo a cambio de una bolsa llena de doblones. Quevedo no fue el primero en proferir maldiciones verbales contra alguaciles, letrados y abogados. Existía desde antiguo una larga tradición popular, vertida en el caudal del refranero, ese monumento a la gramática parda, que censura tanto la ignorancia como la venalidad de los jueces. Ambas cosas. Cabe concluir, por tanto, que en España el estamento judicial no suscita precisamente mucho afecto. De lo que no se guarda recuerdo, al menos en nuestra historia más reciente, es de que un gobierno, por injusto que sea, trabaje sin descanso, desde la mañana a la noche, en contra los jueces y a favor de delincuentes condenados mediante una sentencia firme.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Apuntes sobre la melacolía en la sociedad digital

carlosmarmol · 3 julio, 2024 ·

Quien lo hace a diario, lo sabe: escribir en corto es más complejo, difícil y, a veces, hasta más sofisticado que hacerlo con una extensión libre o sin límite. Los formatos y los géneros breves exigen una altísima condensación de sentido –intelectual y retórica– que no demandan los libros largos, a los que Borges siempre miró con una inteligente desconfianza. El escritor argentino nunca publicó una novela porque no era amigo de los momentos de transición que requiere la narrativa de largo aliento, innecesarios en su formato preferido: el relato fantástico. Esta misma regla rige en el caso del ensayo: al margen de los argumentos que se expongan, la mejor literatura de ideas, igual que los poemas, requiere explicar las cosas con las palabras justas, aunque se prescinda de una exposición sistemática, y dominar un estilo en el que la divagación tenga un cierto rumbo o, al menos, un mapa de navegación.Nadie como los clásicos, maestros de la destilación inteligente, para escribir libros esenciales, bellos, breves y útiles, donde lo que se dice y cómo se dice se nutren mutuamente.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell