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Crónica Global

La ley, el catecismo y la izquierda tuerta

carlosmarmol · 12 octubre, 2023 ·

No existe ningún espectáculo más fascinante que contemplar a un cónclave de creyentes justificando, con bobería solemne y trompetería, los mandamientos de su religión, inventada por ellos y sostenida, frente al principio de realidad –esa gran molestia para cualquier iglesia–, contra el viento, las mareas insomnes, la igualdad (en derechos y deberes) y la propia democracia. En esto consistió justamente el número que nos dedicaron esta semana –desde aquí les damos las gracias– los juristas de Sumar, la nueva marca del comunismo zen, trufada de un tiempo a esta parte por el carlismo catalán y la reacción nacionalista. El ceremonial fue superior a cualquier ópera de culto. Es sabido que, cuando no se tienen argumentos sólidos, se inventan. Y, cuando se carece de razones, se camuflan las evidencias con el nominalismo posmoderno, que exige cambiar el nombre a las cosas a capricho. Los ilusionistas del circo, profesionales en la materia, dominan como nadie este arte del sortilegio que permite hacer aparecer un conejo de una chistera. Los catedráticos –“de reconocido prestigio” (en su cátedra unipersonal)– carecen por desgracia de su oficio, así que en este caso tuvieron que emplearse a fondo para manipular el espíritu de las leyes, torcer el derecho y hacer pasar por milagro (y solvencia) lo que es un puro escabeche. No puede ser.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

La sorna gallega y el mutismo catalán

carlosmarmol · 27 septiembre, 2023 ·

Un éxito no es definitivo y ningún fracaso es fatal. Y viceversa: se puede ganar una batalla, aunque no lo parezca, y perder una guerra; de igual forma que cualquiera, dándole la razón a la épica, puede salir indemne del peor trance. En la ingeniosa frase de Sir Winston Churchill  que, igual que Chesterton, era una mina de ingenio, sabiduría y humor británico, se añade que lo que realmente importa –tanto en la calamidad como en la fortuna, que forman un matrimonio indisoluble, pues una no se entiende sin la otra– es tener el coraje para luchar. El sentido trascendente de esta enseñanza depende de una elipsis: el tiempo. Si nada es nunca definitivo, sino circunstancial, es porque existe un mañana. De donde se infiere que cualquier victoria puede tornarse en fracaso. Sólo el final del tiempo es una derrota total. La investidura de Feijóo, como era de esperar, ha naufragado desde el punto de vista aritmético, cosa que ya sabíamos todos desde el comienzo. Este primer intento ha dejado, sin embargo, una novedad: hemos visto al candidato de la derecha perder la votación y ganar en forma, fondo y actitud el debate por incomparecencia absoluta de su némesis.La novedad, desde el punto de vista dramático, no radica pues en el desenlace, que ya estaba amortizado. Está en la interpretación de la obra, la puesta en escena, la actitud y los personajes.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

‘Tots al carrer’

carlosmarmol · 13 septiembre, 2023 ·

La democracia es una constante sucesión de decepciones. En esto se parece mucho a la vida que, en el fondo, no es más que un camino de espinas cuyas estaciones, separadas por tramos pasajeros de entusiasmo, tienen un mismo cartel: bienvenidos al desencanto. Casi todos continuamos viviendo a pesar de los desengaños. Por hábito, por costumbre y porque la alternativa a la existencia –la muerte voluntaria– se nos antoja bastante peor. Acaso por esto mismo tampoco estemos dispuestos a renunciar a ejercer como ciudadanos, por imperfecta que sea esta democracia: todas las variantes que pudieran sustituirla son inaceptables. El mecanismo que mueve a la democracia es la melancolía: al no contentar por completo a nadie en particular, impide que la voluntad de unos se imponga a la de otros, forzando a todos a buscar un acuerdo. No es, desde luego, lo que están haciendo ni el PSOE ni ese experimento de comunismo zen llamado Sumar, que unos días da lástima y otros causa el mismo pánico que provoca ver a un demente manejar un autobús escolar. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Violetas contra la partitocracia

carlosmarmol · 12 septiembre, 2023 ·

Si la democracia, concebida en abstracto, es un teatro que permite la convivencia entre ciudadanos desiguales y distintos, evitando que una sociedad recurra a la violencia y el poder dependa de la fuerza, la partitocracia es su grotesco: un sustituto en el que, en vez de los ciudadanos, quienes mandan son los jefes de escuadra, gracias a la adulteración de la voluntad popular. Las formas, en política, son el fondo. Uno de los síntomas de su malversación, que en España y en la Marisma son cosa habitual, consiste en no saber –o no querer– diferenciar lo que es un diputado de un militante. O un político de un gobernante. En pensar las instituciones (de todos) como si fueran prolongaciones del interés partidario (de algunos). Una partitocracia se identifica por dos rasgos: disfruta de un monopolio de facto sobre la  capacidad de designación de los representantes electos –a través de las listas cerradas– y se arroga un control (antidemocrático) sobre los elegidos ejerciendo una disciplina (feudal) y aplicando de forma arbitraria un régimen sancionador. Ambas prerrogativas impiden todos los días que los diputados –que la gente en realidad no elige, sino que refrenda– ejerzan con total libertad sus funciones. Resultado: ortodoxia y parlamentos mudos (aunque se hable todo el rato) cuya única función es garantizar un generoso sueldo público a los sumisos.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Nuevos fanáticos, viejas inquisiciones

carlosmarmol · 30 agosto, 2023 ·

“Yo fui educado a la antigua, y nunca creí que me fueran a ordenar un día que matara a una mujer. A las mujeres no se las toca, no se les pega, no se les hace daño físico y el verbal se les evita al máximo; a esto último ellas no corresponden. Es más, se las protege y respeta y se les cede el paso, se las escuda y ayuda si llevan un niño en su vientre o en brazos o en un cochecito, les ofrece uno su asiento en el autobús y en el metro, incluso se las resguarda al andar por la calle alejándolas del tráfico o de lo que se arrojaba desde los balcones en otros tiempos, y si un barco zozobra y amenaza con irse a pique, los botes son para ellas y para sus vástagos pequeños (que les pertenecen más que a los hombres), al menos las primeras plazas”. Lo que acaban de leer –si es que no han huido despavoridos ante la bella complejidad de las frases subordinadas– es el arranque (sinfónico) de Tomás Nevison, la última novela de Javier Marías, una obra maestra sobre la hipocresía social, cuyo episodio ibérico más reciente es el calambre Rubiales que, desde hace más una semana, copa una agenda pública que, en lugar de ser de interés general, parece salida de una extraña distopía. Nada irreal y bastante cercana. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell