“Cuatro, dijo el Jaguar”. No hay personaje como el Jaguar: sucio, lascivo, totalitario, humano, demasiado humano, depredador y deslumbrante. Al Jaguar este año le han dado el Cervantes. Lo han incluido en la nómina de los escritores mayúsculos en español, en la lista de los padres indiscutibles, los dueños del idioma, que siempre son los escritores, no los académicos.
Disidencias
Minoritarios
Escribir para las masas. O escribir para un público selecto, reducido y tontaina. La cuestión no es baladí. Si uno escribe para el gran mercado, si logra como adelanto alguno de los envidiables cheques editoriales, si gana premio tras premio y recibe ofertas para cambiar el oficio de escritor por el de tertuliano, la crítica te mirará con malos ojos. Si es que te mira. Calidad y cantidad no acostumbran a ir unidas, aunque en literatura tampoco hay que generalizar. Si, por el contrario, uno decide escribir para un auditorio mínimo, una cofradía de elegidos –sobre todo en lo que a la poesía se refiere– o para un grupo de amigos eruditos, la crítica, acaso, termine por alabarte, aunque el común de los mortales te mirará con cara de broma cuando a la pregunta de cuál es tu oficio respondas que escritor.
La eterna canción
La discusión sobre las relaciones edípicas entre el cine y la literatura no acabará jamás. Hay que acostumbrarse. Cada equis tiempo saldrá alguien que se propondrá desentrañar el porqué de los eternos conflictos entre dos artes cuya única conexión es la sustancia narrativa, y cuyas divergencias son mucho más numerosas de lo que el común de los mortales piensa. Versan, casi siempre, sobre sus distintos lenguajes.
La poesía boca arriba
“De tanto intentar abrazar las nubes/tengo los brazos quebrados” Charles Baudelaire
Celaya, el vasco de yunque dulce, el viejo que murió de forma lamentable hace no demasiados años, en la ruina, sumido en el desconsuelo, después de suplicar las limosnas que no merecía a la administración, que sólo le dio para morir en un hospital, ha pasado a la pequeña historia de la poesía española con la etiqueta, reduccionista e injusta, de poeta social. Sus libros no están casi en ningún sitio. No salen en los periódicos, ni siquiera por efemérides. Tampoco figuran en las colecciones de saldo ni han tenido la suerte de resucitar por efecto de la necrofilia comercial, a la que tan dados son algunos editores. [Leer más…] acerca de La poesía boca arriba
Bradomines a sueldo
Es por estética. Ellos todo lo hacen por estética. Los escribanos de talonario y cuentaduros, los autores de mesa-camilla televisiva y conferencias doradas, han decidido para no dejar respiradero alguno a la alternancia ocupar casi dictatorialmente los únicos púlpitos que iban quedando a los jóvenes no adorantes de su tribu: los modestos premios literarios. No hablo sólo del Planeta, que ya se sabe en qué consiste. Es como el secreto de la divinidad, una y trina, que nos inculcaban de niños: no se lo cree nadie. Hablo del resto: convocatorias, certámenes y juegos florales que, incluso en el ámbito provincial, andan fagocitados por la nomenclatura correspondiente, la del pueblo, ciudad, región o nación, según el caso.
