Eduardo Haro Tecglen, escritor descreído, un habitual del terno del escepticismo irónico, tenía una de las prosas más caprichosas de las que se publicaban, en artículos, en los periódicos. Era su único patrimonio, junto con la firma y la memoria, de la que hizo un oficio deslumbrante y molesto. Las tres cosas las vertió en un libro ejemplar –Diccionario Político– que venía a ampliar un glosario sobre la misma materia anterior, publicado a mediados de los años 70, cuando en España no vivíamos en democracia.
Disidencias
Las heridas del cronista
El periodismo se nos va muriendo entre las manos como una paloma negra, desfondada, abierta. Algunos, presos de la nostalgia, recuerdan los tiempos míticos, grandes, en los que dirigir un periódico era una tarea reservada a los dioses, no a los mediocres. Otros suspiran por las lejanas noches de delirio y juventud que pasaron en vela leyendo a los padres del new journalism, aquella camarilla célebre de los Wolfe, Mailer, Thomson, Talese y demás. Tiempos pretéritos en los que todavía había tiempo para hacer buenos reportajes, periodismo de carne y hueso. [Leer más…] acerca de Las heridas del cronista
Elogio de la lentitud
¿Por qué ha desaparecido de nuestras vidas el placer de la lentitud? Milán Kundera, novelista checo afincado desde hace años en París, se la hace en su última obra, La Lentitud (Tusquets), un libro que se bifurca, como el jardín borgiano de los senderos, en dos historias paralelas que, al final del volumen, mitad ensayo, mitad tratado de filosofía tenue, acaban confluyendo en un único río y dejando la lector con la incógnita de si lo que ha leído es una novela o un engaño, suponiendo que ambas cosas no sean exactamente lo mismo.
La bufanda de Valle Inclán
A don Ramón le han puesto esta semana una bufanda, que no corbata, atuendo considerado burgués y aristocrático, para celebrar el Día Mundial de Teatro. Don Ramón, esteta gatuno, altivo y desdeñoso, miraba siempre por el pueblo, por lo que elegir para él una bufanda es más acertado que cualquier otro ornamento textil. La bufanda, ya se sabe, tiene más literatura (decadente, mayormente) que la corbata, que tan sólo es un triste colgajo de elegancia reaccionaria. La bufanda, en cambio, tiene mucho de bohemio, como si el tejido fuera una suerte de anacronía laica. Vamos, que lo de la bufanda queda mejor en el caso de un viejo escritor, como es el caso.
Evocación del poeta Martí
Se recuerda estos días al poeta Martí (José), el lírico cubano en el que unos han visto durante quizás demasiado tiempo tan sólo a una figura política y, por tanto, utilizable en el juego de devaneos en el que se ha convertido el arte de lo posible, que no es sino la lucha por el poder. Nadie se acuerda demasiado de su inmenso perfil como escritor. Un perfil que, como escribió Cernuda, sólo está apoyado en el aire. El motivo de estas conmemoraciones institucionales es el correspondiente aniversario de su muerte: tremendista, triste, descorazonadora para casi todo un continente. En realidad, carece de sentido recordarla: como todos los decesos, no tiene remedio. Cuestión diferente es convertirla en una oportunidad para reivindicar su literatura, desgraciadamente casi secreta.
