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Letra Global

‘Guerra en España’: la edición definitiva

carlosmarmol · 2 agosto, 2024 ·

Parece una absoluta paradoja y, sin embargo, esconde una coherencia mayúscula: los autores de los mejores poemas épicos son, a su vez, ilustres derrotados. Gente fracasada, vencida por las calamidades de la vida, que conjura sus fantasmas mediante la sublimación (artística) de la epopeya. Sucede con Homero, que no llegó a librar –que se sepa– guerra alguna pero compuso en hexámetros memorables los dos grandes poemas fundacionales de la literatura occidental –un episodio (colérico) de la guerra de Troya y la venganza de un navegante inmoral que regresa a su casa y extermina a los enemigos que ambicionaban su palacio y a su esposa–. Y también pasa, aunque de forma distinta, con Cervantes, que siempre estuvo orgulloso de Lepanto, aunque el trance lo dejase de por vida manco, y cantó (en prosa) el ocaso de la antigua epopeya, cuya última muestra y sucesora es la primera novela moderna. Dados estos antecedentes, cabe leer Guerra en España, acaso el más importante e interesante de los libros reconstruidos de Juan Ramón Jiménez (1881-1956), como una descomunal hazaña concebida por un hombre –cosmopolita onubense– que pasó más de dos décadas en el exilio –desde su salida de la España del 36 hasta su muerte (viuda) en Puerto Rico, que siempre le recordó a Cádiz, – y al que la concesión del Premio Nobel, dos años antes de su deceso, no pudo consolar del apagamiento y el desgarro.

Las Disidencias en Letra Global.

Los años españoles de Alfonso Reyes

carlosmarmol · 26 julio, 2024 ·

La primera imagen –una escala marítima en el puerto de La Coruña, desde la barandilla del crucero Espagne, camino de Francia, donde le esperaban para encomendarle las tareas de ayudante segundo en la embajada mexicana– apenas fue un vislumbre. Las reverberación de una tierra desconocida de donde venía el idioma en el que hablaba y pensaba, y al que dedicaría todos sus esfuerzos como escritor. La segunda visión, también pasajera, se repetiría desde otra costa diferente –en esta ocasión los muelles de Santander, con el Cantábrico a sus pies–, para difuminarse hasta que un años después, en 1914, ya sin sustento diplomático ni sueldo a cargo de la república, un Alfonso Reyes de veinticinco años, que todavía conservaba la melena y lucía bigotes poblados, se lanzara a cuerpo a la conquista del mundo literario. Así fue la irrupción del gran prosista mexicano en el efervescente (y miserable) Madrid de la primerísima modernidad, cour des miracles, que contemplaba –atónito– el comienzo de la Gran Guerra y cuya élite, esa academia del café y el Ateneo, creía ser capaz de sacar al país, perdidas ya sin remedio las últimas colonias americanas y asiáticas, de su colosal depresión para sanar el colapso de ultramar con un idealista acercamiento a Europa.

Las Disidencias en Letra Global.

Milan Kundera, los lienzos de una vida secreta

carlosmarmol · 21 julio, 2024 ·

“La vida parece un boceto. Pero boceto no es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para la nada, un borrador sin cuadro”. Milan Kundera (1929-2023) escribió estas palabras, por la persona interpuesta de un personaje de ficción, en La insoportable levedad del ser (1984), su novela más conocida y, probablemente, la que lo consagró como novelista internacional. En el libro, cuyo título nunca gustó a Gallimard, su editor francés, Kundera reflexiona sobre las dudas existenciales en el seno de una relación de pareja, inmersa en una atmósfera generosa en digresiones y con vocación trascendente. En el libro, sin embargo, no queda del todo claro, como suele suceder casi siempre en el caso de los buenos novelistas, que trabajan desde el espacio indefinido de la ambigüedad, si se trata de una historia triste o cómica. Igual que el Quijote, puede leerse de forma agónica, como un drama existencial; o irónica, a la manera una de comedia sobre el exceso de trascendencia. Y de ambas maneras.

Las Disidencias en Letra Global.

Manuel Arroyo-Stephens, milagros de un dilentante

carlosmarmol · 12 julio, 2024 ·

“Las autobiografías deberían escribirse después de muerto. Las memorias, nunca. Da serenidad y perspectiva a lo que no la tiene. Es posible que desde fuera tenga sentido la cosa, la vida. Que se vea clara la causa, la raíz, la madre del cordero”. Cualquier escritor desearía, si es que la inseguridad no lo ha convertido hace tiempo en su prisionero, mandar el mundo a paseo y ponerse a escribir sin tonterías, sin teorías, prescindiendo de un guión establecido, a la buena de Dios, entregado al deslumbramiento del instante y guiado por el vendaval –no siempre piadoso– de la improvisación. Escribir sin que importe el género, ni la sintaxis –que nace y brota sola, se enreda y se desenreda sin admitir más dueña ni señora que ella misma– y, simplemente, dejar para siempre por escrito las palabras que bailan en tu cerebro. No es una tarea fácil: a muchos autores (españoles) les sucede con la literatura lo mismo que aquellos que no terminan nunca de hablar bien otro idioma, aunque dominen a la perfección las reglas gramaticales y sepan el léxico: el infinito miedo al ridículo, que es el más tonto de todos, acaba frustrando sus deseos, al hacerlos incapaces de imitar (como hacen los niños) la melodía y la dicción de la lengua extranjera.

Las Disidencias en Letra Global.

Las edades de la novela

carlosmarmol · 7 julio, 2024 ·

Pensamos gracias a la magia del lenguaje. Describimos –y concebimos– la realidad a través de narraciones. Siendo cosas indudables, resulta inconcebible que en los planes educativos oficiales, en el posterior ejercicio profesional, e incluso en los avatares vitales, la literatura haya sido relegada , a un espacio secundario por los pedagogos –¡vade retro, Satanás!– y por una parte de la sociedad, orgullosa y segura de su ignorancia. La tecnología, al fin y al cabo, no es más que una forma de lenguaje (entre las máquinas). La ciencia no deja de ser un gran relato sobre la naturaleza. Todo esto ya lo sabían los clásicos, que establecieron como principios de la formación el trivium y el quadrivium, los ciclos de las siete artes liberales que fueron sistematizadas –cosa bastante curiosa– a partir del siglo VI gracias a Casiodoro, el discípulo de Boecio, cuando Grecia ya era un remoto recuerdo y Roma no existía. El trivium comprendía la tríada que forman la gramática, la retórica y la dialéctica. Todas disciplinas de la expresión. El quadrivium completaba esta formación en letras, que es la esencial, con la aritmética, la geometría y la música. Códigos que explican los números, las formas en el espacio y los sonidos.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell