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Letra Global

Eugeni Xammar, el genio del periodismo elástico

carlosmarmol · 17 mayo, 2024 ·

A veces conviene mirar hacia atrás. Hasta allí donde nos alcanza la vista. Hay que hacerlo en dirección a ese pretérito que los adanistas afirman que no existe para entender la verdadera esencia de las cosas. Frente a la milonga de que el pasado ya no forma parte de nuestras vidas –sólo porque es un tiempo cumplido– existe un antídoto infalible. Se resume en tres sencillas preguntas: ¿Cómo es tu rostro? ¿Qué idioma que hablas? ¿Quién eres? Si se contesta con sinceridad, virtud escasísima, se convendrá en que todos, con el curso de los años, e incluso tiempo antes, en mayor o menor medida vamos teniendo un rostro similar al de quienes nos engendraron. Obra de la genética, que nos acerca a nuestros difuntos. En relación al idioma, no hay dudas: hablamos una lengua creada por seres desconocidos que fallecieron hace siglos. La tercera cuestión, eterno asunto de discusión de la religión y de la filosofía, parece ontológica o metafísica. Todos nos la hemos formulado alguna vez: ¿Somos quienes soñamos ser o encarnamos el deseo (ajeno) de otros? ¿Nos hemos convertido en el personaje de ficción que imaginó ese niño que dejó de existir y que tuvo, antes de ser asesinado, nuestro mismo nombre?

Las Disidencias en Letra Global.

Mariana Enríquez: terrores cotidianos, miedos naturales

carlosmarmol · 10 mayo, 2024 ·

“A los verdugos” –escribió Jean Paul Sartre– “se les reconoce fácilmente: todos tienen cara de pánico”. A partir del terror y sus variantes –miedo, desazón, inquietud, paranoia, temblor, zozobra– puede escribirse una historia cultural sobre las desgracias del hombre. Sin idealizaciones, pedestre, porque no existe nada más terrestre que la destilación secular del pánico. Todas las civilizaciones profesan miedos que explican sus valores. Lo mismo pasa con los individuos: dime a qué temes y definirás aquello que eres, o en lo que te vas a convertir. Si seguimos la obra narrativa de Mariana Enríquez (1973), paralela a su labor periodística –parte de cuyos mejores trabajos fueron seleccionados por Leila Guerreiro en la antología El otro lado (Anagrama)–, descubriremos que la topografía de espantos que habita en sus libros tiene un sentido, no diremos que filosófico, pero sí conceptual.
¿Qué es el miedo? Nosotros mismos. El terror es lo que hemos sido y, también, lo que ahora mismo encarnamos.

Las Disidencias en Letra Global.

El ‘Molt Honorable Senyor’ Francisco Rico, un sabio ‘princeps’ que nunca dejaba de fumar

carlosmarmol · 4 mayo, 2024 ·

“Yo no he trabajado nunca. Nunca he buscado nada. Todo me ha venido dado. Cualquier día se acabará mi Fortuna”. Francisco Rico Manrique (1942-2024) acostumbraba a fingir una modestia desinteresada. Al mismo tiempo, practicaba una seguridad pasmosa y orgullosa que escondía –quien lo conoció, lo sabe– una secretísima ternura. Para muchos de sus amigos era el típico sentimental que camufla  debajo de una máscara de falsa suficiencia una sensibilidad excesiva. Es una manera como cualquier otra de protegerse de los zarpazos de la vida. En su caso, sin embargo, los hechos avalan la leyenda. Lo dejó dicho Dutton Peabody, el periodista de El hombre que mató a Liberty Valance, la película de John Ford: entre la verdad y la leyenda siempredebe imprimirse la última. Barcelonés (ma non troppo), educado por los Escolapios de la calle Balmes, sufridor (sin rencor) de la educación del nacional-catolicisme (la versión catalana de la doctrina franquista de posguerra), el catedrático de la Universidad Autónoma encarnó a un personaje irrepetible y fascinante que, desde el mundo académico, donde toda vanidad ridícula tiene su asiento, por decirlo a la manera de Cervantes, se dedicó a leer y a estudiar con un ánimo hedonista, colosal y omnívoro que, con los años, haría de su persona el príncipe de la filología española. Probablemente el último. Un fin de raza.

Las Disidencias en Letra Global.

Salman Rushdie, la vida después del cuchillo

carlosmarmol · 2 mayo, 2024 ·

La muerte es la última transformación. El viaje definitivo. Un salto al vacío sin la certeza de un destino ni el consuelo del retorno. Cuando ella está, nosotros desaparecemos. Y al revés: vivimos cuando su ausencia todavía es un hecho, aunque nunca deje de ser una hipótesis. Podemos imaginarla de todas las formas posibles porque, al hacerlo, aún es una abstracción. En cambio, no es nada fácil escribir sobre sus vísperas, narrar el instante en el que abandona el territorio de las suposiciones para convertirse en nuestro irremediable destino. Salman Rushdie (Bombay, 1947) ha decidido hacerlo después de regresar milagrosamente desde el quicio mismo de la eternidad, dos años después –la maligna efeméride se cumplirá el próximo 12 de agosto– del sangriento atentado que tuvo lugar en la ciudad de Chautaqua (Nueva York), donde el escritor británico sufrió un ataque 34 años después de publicar Los versos satánicos, la novela blasfema que en 1988 mereció una fatwā del régimen teocrático iraní lanzada urbi et orbi por el imán Jomeini tras acusarlo de atacar al Islam.

Las Disidencias en Letra Global.

Anatomía del nazismo: cenizas de Auschwitz, espantos de Gross-Rossend

carlosmarmol · 19 abril, 2024 ·

La muerte consiste en un tránsito, lo mismo que la existencia se reduce a una suma, no siempre afortunada, de sucesivas metamorfosis. En la cultura clásica se la representa como una breve travesía: el cruce de la laguna Estigia desde una orilla (la de los vivos) hasta otra (el lado de los difuntos). Hay quien teme llegar a este destino unívoco, que a todos nos iguala; otros, en cambio, no están convencidos de que la ribera opuesta –terra incognita, llamaban los latinos a las regiones que nos son desconocidas– exista en realidad, salvo como una piadosa alegoría de lo irremediable. Para las civilizaciones antiguas, sabias conocedoras de la realidad de las cosas terrestres, aunque las expresasen condensadas en mitos y cosmogonías, la extinción de la carne (y también la agonía del alma) era tratada desde una consoladora óptica humana. Sea por piedad o por decoro, el caso es que el finado nunca lo era por completo –se trataba de un alma en proceso de peregrinación– y la travesía fatal, que se le encomendada a Caronte, se equiparaba aun viaje fluvial hacia otro estado espiritual. Tan concreta es la idea de la muerte de los clásicos grecolatinos que al barquero había que pagarle –como tasa– una moneda de oro. El capitalismo, que no es una invención moderna, sino ancestral, nace con el viático.

Las Disidencias en Letra Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell