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Letra Global

Javier Cercas, ‘back to basics’

carlosmarmol · 22 febrero, 2020 · Deja un comentario

Los géneros literarios componen una suerte de gramática sobre el género humano. Son una manera de mirarnos a nosotros mismos. Esta condición universal explica que, igual que el propio concepto de cultura, no importe mucho dónde y cuándo se hayan inventado. Lo trascendente es si son eficaces para retratar el alma humana. En un contexto en el que algunos –sobre todo los autores que la industria editorial nos presenta como hallazgos cósmicos que unas páginas después se tornan decepciones– creen que la literatura consiste en denunciar injusticias de género o verter sus nimiedades bajo la socorrida etiqueta de novela, Javier Cercas, que desde Soldados de Salamina goza de la popularidad del verdadero prestigio, opuesta a la que procede únicamente de los índices de ventas, ha tenido el arrojo de dar un cambio a su trayectoria para regresar al sitio de donde venía, que no es otro que la tradición literaria, aunque no entendida desde el punto de vista académico –sus años como profesor universitario quedan ya lejos–, sino estrictamente creativo.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

Steiner, vida & milagros

carlosmarmol · 16 febrero, 2020 · Deja un comentario

“Mi padre, que era un hombre reservado y oscuro, me explicó de pequeño algunas cosas que después han marcado mi vida. Me dijo: “Donde quiera que estés, ten siempre preparada una pequeña maleta con tu equipaje; recuerda siempre dónde está la puerta; nunca tengas miedo a volver a empezar otra vez, nunca; hacerlo es un extraordinario privilegio”. Ésta es la ley que rige ahora mi vida: si tengo que marcharme, no importa, sé que mi hogar es mi máquina de escribir. Si me permiten tenerla es como si poseyera un pasaporte: no tengo miedo; si tengo que cambiar de país aprenderé una nueva lengua y esta experiencia que me hará más rico”. En este frase, pronunciada por George Steiner (1929-2020), se condensa la extraordinaria capacidad que tiene la cultura –ese magma que nos explica– para guiar nuestra existencia, especialmente cuando se carece –por supuesto, no era su caso– de conocimientos académicos.

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Boecio y la Rueda de la Fortuna

carlosmarmol · 8 febrero, 2020 · Deja un comentario

Las guerras más devastadoras que existen son aquellas en las que los dos adversarios en liza coinciden en una única persona: uno mismo. Si la leyenda cuenta que Cervantes concibió El Quijote –ese “hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos nunca imaginados de otro alguno”- en la cárcel de la Sevilla del Siglo de Oro, “donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación”, el tratado filosófico más influyente del extraño quicio histórico que separa la Edad Media del Renacimiento se concibió en una celda del Ager Calventienus de la ciudad italiana Pavía, a la espera de un juicio que terminó con una decapitación sangrienta, confirmando así la máxima de que cuando los seres humanos somos felices, vivimos; y cuando nos sentimos desgraciados, filosofamos. El fruto de aquel sufrimiento, olvidado en las densas arenas del tiempo –hablamos del año 523 después de Cristo–, es una obra absolutamente maravillosa compuesta por un cónsul romano caído en desgracia –Boecio– que trata sobre la naturaleza y los caprichos de la diosa Fortuna, esa mujer caprichosa. La editorial Acantilado, en uno de esos gestos que ennoblecen a quien se dedica al maravilloso arte de hacer libros, la recupera ahora íntegra con traducción del latín al cuidado de Eduardo Gil Bera en su colección Cuadernos. No es ni mucho menos un libro desconocido para quienes se hayan preocupado de cultivarse a sí mismos mediante el arte de la lectura, pero si supondrá (para otros) un gozoso descubrimiento. Básicamente porque las preguntas que se hace Boecio son las nuestras: ¿Por qué diablos la felicidad es pasajera? ¿Cómo se explica que medren los mediocres? ¿Cuál es la razón de la existencia? ¿Existe Dios? ¿Somos libres o estamos atados, como los esclavos, al yugo de un arado? ¿Cuál es el origen del mal?

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¡Vivan los años setenta!

carlosmarmol · 1 febrero, 2020 · Deja un comentario

Todo lo que sube, desciende. El idealismo, en cualquiera de sus variantes, conduce antes o después al prosaísmo. El principio mecánico que alimenta esta ley es indudablemente físico, pero también de índole cultural. Quizás por eso a los años sesenta del pasado siglo XX, ese extraordinario tiempo (pasajero) en el que parecía que los sueños podían transformar el mundo, cuando sucedía la gran revolución de la cultura popular en Occidente, triunfaba la lucha por los derechos civiles y se extendían por todas las clases sociales, igual que un fluido ambiental, las hermosas reivindicaciones hippies, que ofrecían un falso paraíso sin agua corriente lleno de paz, drogas y sexo (con flores en el pelo), dieron paso, en la década posterior –los caóticos setenta– a un universo marcado por el deterioro social y económico, el desengaño y la irrupción dentro del cuadro colorista previo de la vulgaridad como destino.

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La memoria (sentimental) de Manuel Vilas

carlosmarmol · 25 enero, 2020 · Deja un comentario

Lo escribió Félix Grande en unos versos (portentosos) de su libro Música amenazada: “Donde fuiste feliz alguna vez / no debieras volver jamás: el tiempo / habrá hecho sus destrozos, levantando / su muro fronterizo / contra el que la ilusión chocará estupefacta / El tiempo habrá labrado,/ paciente, tu fracaso / mientras faltabas, mientras ibas / ingenuamente por el mundo / conservando como recuerdo / lo que era destrucción subterránea, ruina”. Ok. De acuerdo. ¿Y qué ocurre con los lugares donde hemos sido profundamente desgraciados? ¿Merecen volver a ser visitados? La respuesta a esta pregunta depende del carácter personal de cada cual, que, como sabemos desde Heráclito, es la ecuación secreta de nuestro destino, esa incógnita sin solución. Hay quien piensa que sí: que todo lo vivido de verdad, a fondo, merece resucitar de alguna u otra forma mediante al ejercicio prodigioso de la memoria. Otros, escépticos, coinciden con la visión de Grande: la vida nunca se repite nunca igual y, justo para soportar tan amargo trance, es necesario desprendernos de las cosas y hasta de las personas sin demasiados ceremoniales. Sin lágrimas. Sin nostalgias. “Toma sin orgullo, abandona sin esfuerzo”, escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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Ilustraciones: Daniel Rosell