Las revueltas que cada cierto tiempo quiebran la idílica imagen de Andalucía que nos vende el ‘susanato’ han pasado este mes de la sanidad y la educación al transporte de viajeros, donde los taxistas -que no son un derroche de virtudes cívicas- están en pie de guerra contra la competencia de los servicios de intermediación prestados por Cabify. En Málaga han hecho un paro patronal coincidiendo con la Feria. En Sevilla, meses antes, protagonizaron algaradas con el silencio tácito del Ayuntamiento del socialista Juan Espadas, que en esta cuestión, igual que en muchas otras, prefiere dejar que todo lo que tenga que suceder, suceda.
Andalucía
‘News from Nowhere’
Agosto es un calendario vacío. Basta dormir para despertar en un mundo nuevo. La utopía de William Morris. Un mes inhábil en la Administración, los juzgados, los colegios y los ambulatorios (que no abren por las tardes). Tiempo de colapsos (puntuales, por supuesto) en los hospitales, donde a la falta de personal –provocada por el caos de las bolsas de empleo del SAS, donde los directivos cobran orondos sobresueldos– se suma la milonga de las 35 horas, que es la única revolución –fallida– que hasta ahora acepta el susanato. También es una fecha regalada para los parlamentarios, que cobran y descansan –no sabemos aún de qué– mientras las playas se llenan y los quebrantos sociales de siempre se pudren bajo las sucesivas olas de calor, que este año confirman el augurio de la biblia: el desierto avanza en dirección Norte. En mitad de su trayecto estamos nosotros.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
El ‘susanato’ lingüístico
Decíamos (el otro día) que el susanato quiere resucitar los albores de la patria para camuflar los aciagos pronósticos electorales, conjurar el negro fracaso de las Primarias y, ante una posible debacle, recoger del suelo la banderita del abuelo. Nacionalismo populista tamaño XL. La estrategia va a toda máquina: 48 horas después del cabildo -donde Ella le decía a Él que no le haga elegir entre «su tierra» y el PSOE, cosa que ya hizo en favor de Ferraz cuando intentó dirigir el partido- la vanguardia de los consejeros susánidas montó colegiadamente en cólera -espontánea, claro- por un comentario en facebook del cónsul en Washington, Enrique Sardà Valls, que criticó «a la Susi»[sic] por usar un traje del mismo color -rojo pasión- que Letizia. Sardà desconoce que en la Marisma sólo hay una Reina. Y no se llama Letizia.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
¿Existe el acento andaluz?
«La lengua», escribió Elio Antonio de Nebrija, sevillano de Lebrija y autor de la primera ‘Gramática de la Lengua Castellana’ (1492), «siempre fue compañera del imperio». La espiral autonomista que condiciona la vida pública española desde hace más de cuatro décadas ha convertido en una ley sagrada esta afirmación, mezclando la identidad cultural con los intereses políticos. La manipulación del idioma común de la Península -el español- para remarcar difusas diferencias regionales llega al extremo de que en aquellos territorios donde no existe una lengua propia directamente se le cambia de nombre al castellano o se reinventa. Es el fenómeno que subyace bajo el caso del cónsul español en Washington, Enrique Sardá Valls, destituido esta semana por ridiculizar a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, a través de un mensaje privado en ‘facebook’ en el que también intentaba reproducir algunos rasgos del ‘andaluz’, término incorrecto a pesar de que lo utilice hasta la Administración regional.
Un análisis para El Mundo.
El ‘Novecento’ de la Reina
Oordenar la composición de una loa en favor de tu propia persona es una señal de decadencia. Lo escribió Machado (Antonio): «Se canta lo que se pierde». Reivindicamos justo lo que no somos. Bajo este marco de interpretación debemos valorar los intentos de Su Peronísima por volver a alzar de cara a la galería la bandera de Andalucía, la misma que hace unos meses estaba dispuesta a dejar tirada en el yermo suelo patrio para alcanzar otras aspiraciones superiores. Su motor ahora no es la convicción, sino la necesidad. El malestar de un hipotético porvenir aciago. Dado que a estas alturas sus heraldos no han sacado los habituales sondeos electorales a favor, podemos aventurar que en el fondo es el pánico, y no otra cosa, lo que explica el cartel solemne del Gran Circo que se anuncia para los meses venideros.
Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.
