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Literatura

El sambenito y la España del furor diabólico

carlosmarmol · 28 marzo, 2026 ·

El pasado es otra dimensión (más) del presente. Las huellas del pretérito, escondidas bajo el disfraz de la desmemoria o ayudadas por la ignorancia, perviven en nuestro imaginario colectivo y se proyectan, para asombro de quienes aún son capaces de percibirlo, en nuestra manera de expresarnos y de contemplar la realidad. Hablamos, sin saber por completo el origen de aquello que decimos –dado el desconocimiento de la etimología–, igual que los difuntos que nos han precedido sobre la Tierra. Donde mejor se nota esta persistencia cultural es en el lenguaje, depositario de nuestra identidad. ¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos de tirar de la manta? ¿Por qué poner verde a alguien se interpreta como una amenaza? Todos estos conceptos del idioma vulgar poseen esa rara capacidad de perdurar en el imaginario cultural. Proceden de un universo en apariencia desaparecido pero que sobrevive.

Las Disidencias en The Objective.

La poesía de Rainer Maria Rilke y el canto redentor de Orfeo

carlosmarmol · 27 marzo, 2026 ·

La poesía de Rainer Maria Rilke (1875-1926) tiene algo que la asemeja a las adivinanzas y a los augurios del oráculo de Delfos. Es hermética. Misteriosa. Trascendente. E, igual que en los versículos de determinados profetas –y él lo fue, sobre todo para sí mismo, antes de encarnar esta condición de guía cósmico para los demás–, en sus palabras palpita un ansia de intemporalidad que, para ser cabalmente entendida, requiere desentrañar un contexto –lo que no está dicho, pero que también forma parte del poema– que el autor checo, que siempre escribió en alemán, conscientemente no termina de revelar por completo y que, igual que los silencios en una partitura musical, son otra clase de música. El lector debe pues poner de su parte para que toda su grandeza quede a la vista. Es mucha, por supuesto, siquiera por su condición de maravillosa anomalía. En un momento de la historia cultural en el que la modernidad había dejado al individuo sin asideros –lejos del antiguo mundo encantado de la religión, frustrado ante las falacias del empirismo científico– Rilke decide ejercer la tarea de los visionarios mientras otros escritores de su tiempo se refugian en la ironía, que es la retórica ancilar del prosaísmo.

Las Disidencias en Letra Global.

Semprún y los espectros de la resistencia europea

carlosmarmol · 21 marzo, 2026 ·

Cuando don Francisco de Quevedo y Villegas, desde el ostracismo de la Torre (de Juan Abad, su modesto señorío agrario), escribió aquello tan célebre de que en mitad de los desiertos manchegos estar rodeado de pocos pero doctos libros le ayudaba a vivir “en conversación con los difuntos” y a escuchar con sus “ojos a los muertos” no estaba construyendo sólo dos versos prodigiosos y rindiendo honores a la capacidad redentora de la lectura ante las constantes calamidades del mundo. Defendía también la importancia de la tradición –en este caso, la de los clásicos– y advertía, para quien supiera descifrar los matices de su escritura, que a veces quienes arrojan más luz sobre el presente no son nuestros estrictos contemporáneos, sino muchos autores que ya no están entre nosotros. Es una reflexión bella y exacta. Y puede extenderse a otros campos del conocimiento. Un ejemplo lo tenemos en la figura histórica de Jorge Semprún (1923-2011), que fue comunista (en la clandestinidad) antes que ministro (socialista) y escritor antes y después de su paso por el campo de concentración de Buchenwald (Weimar). En la obra de Semprún, marcada por su obstinación política y la mirada singular que le otorgó el hecho de nacer en España, educarse en Francia –y en francés, su primer idioma– y conocer en primera persona los dos grandes totalitarismos de la pasada centuria (el nazismo y el comunismo), palpita una constante cultural.  Es un viejo sueño y un anhelo nuevo: Europa.

Las Disidencias en The Objective.

Beckett: las elipsis y los destellos de los últimos días

carlosmarmol · 20 marzo, 2026 ·

“Sólo los tontos tienen muchas amistades. Tener gran número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez”, escribió, fiel a su encantadora misantropía, el gran Baroja, el hombre malo de Itzea. Las verdades indiscutibles de la vida, como ésta, suelen ser desagradables y acostumbran a tener mala prensa. Sobre todo en estos tiempos en los que la bondad se tiene por una obligación marcial y el odio –ese sentimiento tan humano y universal– ha pasado a considerarse un delito gravísimo. Ahora hay que ser bueno por decreto, del mismo modo que uno no puede limitarse a (sobre)vivir, sino que debe disfrutar de la vida. Entre los dogmas de la ola de buenismo que nos rodea figura la sacralización de la (falsa) amistad, que antaño era un ritual celebratorio, jocundo y venerable que solía festejarse con alcohol, tabaco y, a menudo, soltando la lengua.  A nadie ahora se le ocurriría tener un amigo y quedar con él para no hablar. Y, sin embargo, el indicio más sólido de la verdadera fraternidad consiste en estar con otra persona y no necesitar decirle nada. 

Las Disidencias en Letra Global.

Rafael Azcona y la España cruel, tierna y descarriada

carlosmarmol · 14 marzo, 2026 ·

No podríamos decir con seguridad qué fue antes, si la España cruel, tierna y descarriada que sufrieron los hijos de nuestra posguerra incivil, ese tiempo oscuro de fríos, canalladas y hambre, o la obra (colosal) de Rafael Azcona (1926-2008), el mejor guionista español de todos los tiempos. Incluso quien llegó a conocer aquella época lejanísima de primera mano queda a menudo asombrado al ver las películas que el escritor riojano escribió para Marco Ferreri, Berlanga, Saura, Cuerda o Trueba, entre otros cineastas, al contemplar, sin llegar a esperarlo por completo, un retrato tan exacto de lo que un día fuimos y, en muchísimas cosas, todavía somos.  Azcona, al que le horrorizaba que le llamasen genio o artista –siéndolo sin querer–, siempre fue un realista devoto. Un gran observador. Un hombre de la calle con un oído absoluto para captar el ruido de la vida. Su trabajo en el cine (España, Francia, Italia) ha sido celebrado con profusión –casi se diría que hasta con fastidio suyo– como antológico. Nadie se acuerda, sin embargo, que muchas de estas míticas películas, obras maestras de nuestra incipiente cinematografía, no tuvieron en su día excesivo éxito ni tampoco el apoyo decidido y entusiasta de la crítica y el público. Existe una razón poderosa de esto. Las historias de Azcona –filmadas por los directores con los que colaboró– eran mecanismos incendiarios camuflados bajo el disfraz de la comedia de costumbres. Un espejo social demasiado sincero. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell