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Literatura

Jaime Gil de Biedma, segundo retrato

carlosmarmol · 24 abril, 2026 ·

El día que Jaime Gil de Biedma (1929-1990) escribió que en sus poemas sólo existían dos asuntos –“el paso del tiempo y yo”– estaba tendiéndonos una celada. Porque, si uno lo piensa, el decurso de los días, los meses y los años, la condena (a muerte) del calendario, es el factor que más trastoca la personalidad individual. Y el sujeto de su poesía, la voz que enuncia –y se enuncia– en sus mejores versos, falsamente prosaicos, ni es idéntica  ni se asemeja por completo al timbre del Ciudadano Gil de Biedma. De forma que la poesía del gran poeta barcelonés del medio siglo, cuyo legado no ha sido destrozado por el tiempo, cosa que no siempre puede decirse de sus coetáneos y de sus compañeros de generación, sugiere pero no desvela en su totalidad las inquietudes del hombre. Cosa natural. El poeta encarna una voz inmortal, el individuo representa una presencia terrestre. Gil de Biedma tiene la virtud de ser un escritor que, con independencia de la época histórica en la que se le lea, siempre suena a presente. Su árbol no es de hoja caduca

Las Disidencias en Letra Global.

Príncipes y mendigos de la edición

carlosmarmol · 23 abril, 2026 ·

“Existen muchos libros que son olvidados de forma inmerecida, pero ninguno de ellos es recordado sin méritos”. El poeta británico W.H. Auden describía de esta forma la extraña lotería de Babilonia –por usar el título de un célebre relato de Jorge Luis Borges– que, igual que el famoso gesto del pollice verso en el Circus Maximus de Roma, decide la suerte de un gladiador que ha caído vencido sobre la arena tras una ardua batalla: muerte o clemencia. A una arbitrariedad análoga están condenados muchos de los libros que cada semana llegan a los estantes de novedades (ma non troppo) de las librerías. “El espectáculo de la literatura es de risa. Yo me parto asistiendo a sus canalladas y miserias; es como ver una sesión de teatro del absurdo”, contaba Roberto Bolaño, el último autor en español con una gloria (póstuma) de orden planetario. Como diría Jaime Gil de Biedma, la verdad amarga asoma en el augurio de Bolaño: “Todos estamos condenados al olvido, a la desaparición no sólo física, sino total: no hay inmortalidad”. Se trata de un hecho indiscutible: todos moriremos un día y no hay obra humana que perdure. 

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Norberto Bobbio y el pie en el estribo

carlosmarmol · 18 abril, 2026 ·

“Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”. Así describe Cervantes, en el venerable prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su historia septentrional, una novela postrera de orden bizantino, que además fue póstuma, el pálpito insidioso de esa hora decisiva que todos llamamos muerte. La expresión no es original, sino herencia de una tradición que vinculaba el final de la vida con la pieza de metal, madera o cuero –dependiendo de los posibles– que ayuda al jinete a subirse o bajarse del caballo y que, en Cuba o en México, da nombre al último trago tras una noche de parranda. “Ayer me dieron la Extremaunción (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia”, explica el escritor –el 19 de abril de 1616– a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, a quien dirige su lamento. Cervantes se sabía mortal –padecía hidropesía: bebía agua sin parar, probablemente debido a una diabetes–, y su endecha no oculta, ni inventa, lo irremediable: “Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. No existe canto más hermoso a la vida que aquel que se entona en el momentum de la muerte o durante su preludio habitual, que es la vejez. 

Las Disidencias en The Objective.

La familia y la memoria fósil

carlosmarmol · 17 abril, 2026 ·

La voluntad y el paso del tiempo son los dos mecanismos esenciales con los que, desde el origen de los tiempos, alimentamos ese irremediable conjuro –por otra parte, tan humano– que consiste en crear una mitología privada. Algunos de nuestros héroes particulares, si se dan determinadas circunstancias, acaban convirtiéndose en arquetipos comunales. Pero sólo unos pocos de ellos prosiguen esta rueda infinita de transformaciones hasta erigirse en metáforas culturales universales. Nietzsche sostenía que la sacralización de nuestros propios difuntos es el origen más remoto, la semilla misma, de la religión, nacida para actuar como antídoto (ficcional) ante el pánico que el hombre tiene ante su destino. Donde la razón no alcanza –explica el pensador alemán en El nacimiento de la tragedia– comienza el dominio de la mitología, que otorga sentido a la vida a través de la ritualización de una colección de verdades íntimas. Sin esta autodefensa los seres humanos quedamos a merced de una ciencia que quizás puede explicar muchas cosas que desconocíamos, pero que también es insuficiente para prepararnos ante la muerte. Debido a esta incapacidad para asumir nuestra condición mortal nace la fe, cuya génesis material –los difuntos lejanos que no conocimos, pero que existieron– hemos ido olvidando con el paso de las sucesivas generaciones. 

Las Disidencias en Letra Global.

Houellebecq para ‘dummies’

carlosmarmol · 11 abril, 2026 ·

El difunto Francisco Rico, último príncipe de la filología española, al decir de José Carlos Mainer, solía recomendar a sus alumnos, y exigir a sus discípulos, a los que trataba como un Pontifex Maximus, que antes de enfrentarse con un autor o a una determinada obra literaria, sobre todo si se trataba de un clásico, indagaran en el caudal de estudios, monografías y estudios escritos sobre dicho particular, de forma que cuando se las vieran con el original conocieran ya, aunque fuera de forma somera, lo que otros, mucho antes que ellos, y quizás mejores, pensaron sobre esta literatura. Empezar por la exégesis antes de conocer de primera mano un texto literario canónico es causa de herejía para muchos filólogos, pero se trata de un sabio consejo. Evita –como explicaba Rico– descubrir Mediterráneos donde ya existen y obliga al investigador a intentar ser original. De ahí que los ensayos literarios, cuya rentabilidad editorial es discreta, pero cuya función social sí es trascendente (siempre que se sepa elegir al crítico), ayuden, en el mejor de los casos, a descubrir los secretos de la literatura y, en el peor, contribuyan a enseñar a leer con talento, cosa nada sencilla. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell