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Literatura

El arte de la minucia

carlosmarmol · 27 diciembre, 2020 · Deja un comentario

No existen los géneros menores, sino los escritores incapaces. Una de las maravillas de la buena literatura –especialmente la clásica– es encontrar en el seno de la tradición, con frecuencia desconocida, libros extraordinarios que, en vez de inmortalizar gestas épicas, contar dramas sublimes o reseñar instantes históricos, se fijan en aspectos banales o vulgares de nuestra existencia. En la vida en minúsculas, tal y como la conocemos de primera mano. No son obras inmortales, pero sí tratan cuestiones universales, porque en cualquier existencia abundan más los instantes prosaicos que las epopeyas. Algunos de estos libros secretos reflejan el espíritu de su época mejor que cualquier tratado de historia. En buena medida porque versan sobre cosas minúsculas pero imperecederas –como las relaciones de méritos en busca de merced, algo así como un precedente de la prosa lisonjera–, practican la infalible técnica de los elogios en cadena o entonan elegías en contra de la diosa Fortuna. En todas las vidas que han sido y serán acontecen anagnórisis (esos giros e inesperados desenlaces del destino, los instantes en los que un héroe se precipita al vacío) pero no todas gozan de la misma buena prensa. Depende del poeta que las cante o ennoblezca.

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La academia de los ‘coronaidiotas’

carlosmarmol · 19 diciembre, 2020 · Deja un comentario

Bob Dylan, inquilino único de nuestro santoral, escribe en It´s not dark yet, probablemente la mejor de sus canciones crepusculares: “He estado en el fondo de un mundo lleno de mentiras / Ya no busco nada en los ojos de nadie”. Como el único género benéfico de falsedades que existe son las fábulas, los grandes escritores construyen con ellas una realidad que nunca lo es del todo y, sin embargo, termina convirtiéndose en exacta, sobre todo cuando acontece ese raro milagro del asombro que consiste en que una perfecta impostura verbal refleje el espíritu de una época mejor que cualquier libro de historia –incluso si está escrito por un inglés– o que un tratado sustentado en hechos (supuestamente) documentados. Las novelas, en efecto, mienten desde el principio. En esto radica su fascinación. Al mismo tiempo son indudablemente ciertas. Algo similar sucede con los personajes literarios: no son ni de carne ni de hueso, sólo simulacros, pero esta naturaleza vaporosa no impide que se parezcan con frecuencia a nosotros.

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Héroes, charlatanes y populistas

carlosmarmol · 13 diciembre, 2020 · Deja un comentario

“El hombre, en todas partes, es enemigo innato de la mentira”. Lo escribió Thomas Carlyle (1795-1881), epítome del ensayismo romántico, en su famoso tratado Sobre los héroes (Athenaica), publicado en 1841 a partir de seis conferencias dedicadas a la materia heroica que versan sobre dioses, profetas, poetas, sacerdotes, reyes y revolucionarios. Sin embargo, la historia cultural de la humanidad es un largo trayecto cuyas estaciones esenciales delimitan una nutrida colección de ilustres falsedades, llámense religión –la invención trascendente–, arte –la creación artificial– o política, que es la administración de un poder que, aunque se ejerza y mantenga mediante la violencia, no deja de estar basado en una convicción ficcional, como formula el antropólogo Marvin Harris en su opúsculo Jefes, cabecillas y abusones (Alianza): “Cuando un cabecilla da una orden, no dispone de medios físicos certeros para castigar a aquellos que le desobedecen. Si quiere mantener su puesto, dará pocas órdenes”. La contención, lo dice la experiencia, no siempre es uno de los rasgos del poder, que tiende a prescindir de la prudencia de los sabios para ejercer el absolutismo de los que se creen infalibles.

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Las voces del Parnaso

carlosmarmol · 5 diciembre, 2020 · Deja un comentario

En periodismo acostumbra a decirse que un diario que carece de una voz propia –o al que no le interesa tenerla– publica muchas entrevistas. Es una forma de impostura que permite disimular la incapacidad profesional y, de paso, constatar la cobardía de sus editores, circunstancias que no sólo no son contradictorias sino que, con bastante frecuencia, se convierten en complementarias. Lo mejor para no señalarse en exceso –actitud frecuente en este oficio– es dejar que todo el mundo (léase, los amigos de los dueños) hable en sus páginas y, acto seguido, presumir de una gozosa pluralidadque, de puertas adentro, no se practica jamás. En algunas raras ocasiones, sin embargo, se produce el fenómeno contrario: determinadas conversaciones con personajes relevantes, sobre todo si se trata de una publicación plebeya, primeriza o no consolidada, ayudan a una cabecera a dotarse indirectamente de una respetabilidad que no podría lograr por una vía alternativa, dada la ausencia de público, tiempo o confianza. El talento en préstamo siempre suma: ayuda a que se perciba el propio y, a la larga, termina configurando un círculo virtuoso en términos editoriales que, si perdura en el tiempo, contribuye a la supervivencia y a esa forma de éxito periodístico que es la influencia.

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De la servidumbre y otras catástrofes (políticas)

carlosmarmol · 29 noviembre, 2020 · Deja un comentario

Que la ficción gobierna el mundo es tan cierto como que la existencia cotidiana está construida sobre una inmensa montaña de mentiras. En especial, la vida pública. La primera fábula, de la que emanan las demás, igual que los círculos concéntricos del infierno del Dante, es el poder que, con independencia de sus sucesivos ropajes y disfraces, siempre aspira al absolutismo, aunque sea camuflado. La dialéctica social, como la biología, suele estar aderezada de matices, pero responde a una lógica tan auténtica como primaria: uno es rey o esclavo. No hay más. Los grises son adornos. “You may be an ambassador to England or France / You may like to gamble, you might like to dance / You may be the heavyweight champion of the world / You may be a socialite with a long string of pearls / But you’re gonna have to serve somebody, yes/ Well, it may be the devil or it may be the Lord / But you’re gonna have to serve somebody”, canta Bob Dylan en el primer disco de su trilogía cristiana. Siendo todo esto una certeza indudable, no deja de resultar asombroso que determinadas sociedades acepten mansamente el mando de gobernantes que obvian sus deseos, destruyen su bienestar y las conducen al desastre.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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Ilustraciones: Daniel Rosell