Los silogismos son como los sevillanos: los hay de distintas estirpes pero, según algunos, todos respondemos al mismo patrón. Se trata de una fórmula infalible para equivocarse.
La Noria sabática en El Mundo.
Los silogismos son como los sevillanos: los hay de distintas estirpes pero, según algunos, todos respondemos al mismo patrón. Se trata de una fórmula infalible para equivocarse.
La Noria sabática en El Mundo.
Montesquieu creía que en materia de leyes conviene imitar a la muerte y no aceptar excepciones. Tras avalar su idea proclamamos, sin dudarlo un punto, que en Sevilla somos inmortales. La ley rara vez se cumple en nuestra ciudad y más extraño aún es que las normas se apliquen como exigen las famosas trabajaderas cofrades: a todos por igual.
[La Noria del sábado en El Mundo Andalucía]
Creer en una nación es sencillo: consiste en tener fe ciega en un determinado relato de la historia, generalmente manipulado. Sevilla debe ser una nación no declarada, sin ningún estatuto que la avale, porque sin creer excesivamente en sí misma -para hacerlo tendría que ser capaz de mirarse de cuerpo entero en el espejo del desencanto- no deja ni un solo día de reivindicarse con la intensidad de las viejas aldeas, encerradas en un bucle infinito. Es un mal parecido al del Kurtz de Conrad: ¡el horror!
JOSEP PLA escribió que la Segunda República española empezó con un gobierno liberal a la francesa, que creía en los negocios y en el confort burgués, encarnación de la Tercera España fallida de Chaves Nogales, y terminó convertida en un régimen populista. Llegó tras unas elecciones locales.Desde entonces nuestra cultura política cree que los comicios municipales son un termómetro social infalible. Es cierto. Antes de un terremoto se producen temblores previos, avisos. En política son las tendencias de voto.
[Los marineros toman el barco]
“¿Quién es más feliz, el que se ha enfrentado a la tormenta de la vida y ha vivido o el que se ha quedado en la seguridad de la orilla y se ha limitado a existir?”.
Hunter S. Thompson. The Proud Highway.
Saludos jacobinos.
Bienvenidos a la Facultad de Comunicación, antes llamada Facultad de Periodismo. Por cierto, ¿Por qué diablos le cambiaron el nombre? ¿Era acaso un mal augurio? La muerte comienza por un deceso terminológico. Después viene el asesinato conceptual. Por último llega el silencio. Hunter S. Thompson, un periodista al que si todavía no han leído deberían comenzar a devorar de inmediato, sostenía allá por los años sesenta que el fin (del periodismo) era inevitable. Ha llovido mucho desde entonces. Pero sí, quizás estamos ya con el pie definitivamente en el estribo, que diría Cervantes, que a su manera era otro periodista prematuro, de antes del periodismo.
Era cuestión de esperar. El augurio estaba escrito. Por el cauce habitual de la filtración interesada (e inexacta) el alcalde ha anunciado esta semana un principio de acuerdo con Altadis para recalificar los terrenos de su fábrica en Los Remedios. La operación se pinta como un logro del regidor, se supedita a la autorización de la Junta (dentro de la estrategia del gobierno local de culpar a los demás de su incapacidad) y, de postre, se adoba con un llamativo detalle cofrade –la salvación de la capilla de Las Cigarreras– para que nadie ose discutir la gesta.
