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Guillermo de Torre, principal secundario

carlosmarmol · 17 noviembre, 2023 ·

Para poder descifrar una ecuación, esa suerte de hermético enigma matemático, es necesario arrinconar antes cada una de sus incógnitas. Limpiar la línea. Desentrañar la vida de un hombre, en este caso la existencia del poeta ultraísta, crítico y editor madrileño Guillermo de Torre (1900-1971), exige interpretar, del mismo modo que las profecías o las sentencias del destino, los versos de otros autores de su misma hora histórica. Del Pablo Neruda de la era de las vanguardias, autor de esa pieza soberbia que es ‘Walking Around’, incluida en su Residencia en la Tierra, conviene tomar la “deliciosa” idea de “asustar a un notario con un lirio cortado”. De Borges, camarada, cuñado y rival secreto, bastan los primeros versos de ‘A un poeta menor de la antología’, incluido en El mismo, el otro (1964): “¿Dónde está la memoria de los días / que fueron tuyos en la tierra, y tejieron / dicha y dolor y fueron para ti el universo? / El río numerable de los años / los ha perdido; eres una palabra en un índice”. Entre ambos se extiende el páramo de olvido donde, durante medio siglo, ha estado atrapada la vibrante figura de De Torre, hijo de un notario (sin lirio) y nombre recurrente en las notas al margen de muchos estudios, devoto de los ismos de la efímera España de la modernidad que hace ahora un siglo por vez primera parecía capaz de sacudirse su casticismo telúrico para hablarle de igual a igual a la cultura europea, hacedor de grupos y revistas, intelectual y creador de iniciativas editoriales como la Colección Austral (Espasa-Calpe) o el mítico sello Losada. El tiempo, asesino recurrente de las famas y las glorias del pasado, desplazaría su rúbrica de la posteridad literaria antes y, sobre todo, después de su muerte prematura –con setenta años– en el corazón del Buenos Aires de las familias patricias, a cuyo alrededor se movían los hermanos Borges (Georgie y Norah) y en el que De Torre encontraría cobijo intelectual y personal durante los largos años de su exilio. 

Las Disidencias en Letra Global.

El melodrama de los mártires

carlosmarmol · 17 noviembre, 2023 ·

La legislatura indígena, que es el retablillo que cada semana programan en el teatro de variedades de las Cinque Piaghe, ha mudado de acto tras la investidura, indigna pero legal, del Insomne. Si durante un lustro ha sido básicamente una comedia sustentada en litros de escabeche y simpatía –el Gran Laurel se ha esmerado en convertirse en un simpático señor de derechas, igual el actor Arturo Fernández, aunque no llame chatinas a las señoras–, la nueva puesta en escena orienta a los personajes hacia el melodrama, que es el género (dramático) donde todo el mundo te cuenta su vida, mientras la república rebosa de sensiblería y llantos. Vista la sesión de control de esta semana, queda claro que el próximo tramo de la legislatura va a consistir en que unos y otros estarán todo el rato haciéndose las víctimas, igual que los escolares que, ante su incapacidad, alegan que el profesor les tiene manía. Los socialistas no han sabido encontrar otro cobijo a mano más que el victimismo –democrático, por supuesto– de presentarse como políticos hostigados por sus ideas por una violenta horda de totalitarios y nostálgicos del franquismo. La cosa es curiosa porque se trata exactamente del mismo mensaje que los independentistas les han obligado a firmar en el infame pacto de Bruselas. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La paradoja (andaluza) del pacto de Bruselas

carlosmarmol · 17 noviembre, 2023 ·

Una batalla política siempre conduce a la siguiente y, como escribió Malraux, quizás existan las guerras justas, pero es harto dudoso, o directamente imposible, que los ejércitos que deben librarlas e intentar ganarlas vayan a ser honorables. Ninguna guerra tiene más reglas que el triunfo, el único atributo que permite dictar la ley de la victoria. La consumación aritmética de la investidura, sustentada en la amnistía de los independentistas encausados, una negociación para la concesión a la Generalitat de todos los tributos estatales, la condonación del 20% de su deuda (con sus intereses) y otras cuestiones, ha permitido refrendar al presidente y, por tanto, tener un Gobierno, pero no parece probable que traiga un armisticio entre los distintos bandos políticos. Ni entre los socios de Sánchez, que extenderán sus exigencias a toda la legislatura, que acaso no dure más de dos años dada la minoría de PSOE y Sumar, ni con el PP. La gran paradoja del pacto de Bruselas entre los socialistas y Junts es que, al admitir el PSOE que las acciones de los independentistas son lícitas debido a la existencia de un “conflicto político”, en lugar de cometer los delitos de sedición y malversación, como sentenció el Supremo, abre una espiral de sucesivas contiendas en el resto de los territorios de España. 

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

La ‘umma’ socialista

carlosmarmol · 14 noviembre, 2023 ·

Hay que admitirlo: la infamia (categórica) de la amnistía y sus mentiras asociadas tienen una indudable virtud sociológica. Permiten establecer con exactitud el grado de degradación moral en el que se encuentran instaladas –desde hace ya tiempo– las izquierdas indígenas. No tiene límites ni contorno. El silencio de unos –los sumados– y la nerviosa vehemencia, cuando no la rendición, de los otros –antaño socialistas; ahora consentidores– evidencia la farsa colosal de quienes, en buena medida, construyeron el discurso de la Santa Autonomía a partir de la industria del agravio, y cuyos únicos beneficiarios han sido ellos mismos (y sus famiglias). En las últimas cuatro décadas, la Marisma no ha salido de la postración (relativa), aunque todos ellos, hasta diciembre de 2018, vivieran como los monarcas de un reino feudal. Igual que las colonias , que no mejoran su estado por tener un virrey de la metrópoli en lugar de un soberano (sin soberanía) natural de la tierra. El progreso social no consiste en sustituir a una élite por otra, que es lo que hizo el PSOE y ahora prolonga el Gran Laurel. Es ayudar a que una sociedad cuestione sus dogmas, inculturas y hábitos para conquistar la libertad de criterio. Un salto que, para que sea pacífico y también irreversible, requiere reformas y ejemplaridad. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

The Velvet Underground, perversión y vanguardia

carlosmarmol · 10 noviembre, 2023 ·

El 23 de julio de 1981, un (entonces) enjuto joven vestido de negro, armado con una Fender Telecaster, de apellido Urrutia (Jaime), se acercó al micrófono del escenario de la sala Rock-Ola de Madrid: “¡Hola, buenas noches! Somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. Aquella frase retumbó en el local como un disparo, trastocando la fiesta –era la víspera del concierto– y sumiendo a la multitud en el asombro. Era falsa, pero encerraba una oscura verdad: no cabe concebir nada más escandaloso que la ruptura súbita del decoro. En España, recién salida del erial sangriento del franquismo, y todavía pendiente de transitar la dudosa luz de una democracia concedida (no conquistada), celebrar a los fascidi combattimento –la violenta milicia política de Mussolini creada en 1919– era toda una provocación. 

El gesto, sin embargo, distaba de ser algo nuevo. Recordaba vagamente a la fiera actitud de los decadentes poetas simbolistas franceses –la monarquía sin reino de Baudelaire y Rimbaud– que exigía épater le bourgeois. Los niños bien de la Movida, muchos de ellos hijos de los vencedores de la Guerra Civil, burguesitos con vagas devociones comunistas, acaso por aquello de matar (simbólicamente) a sus padres, no entendían nada: aquellos iguales defendían los toros y las banderas de sus progenitores. ¿Qué mierda les pasaba? 

Las Disidencias en Letra Global. 

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Ilustraciones: Daniel Rosell