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El Mundo

La derecha ‘cuchipandi’

carlosmarmol · 21 julio, 2018 · Deja un comentario

La cosa está que arde. Y no es por el calor estival, que hasta ahora ha sido piadoso con los mortales que resistimos los veranos en la República Indígena. No. Lo verdaderamente tórrido es el congreso del PP que elegirá -este mediodía- al sucesor de Rajoy. Puede pasar de todo. Incluso que todo siga igual (o peor), aunque algunas caras cambien de sitio en el tablero de ajedrez. Lo que se dice renovación, no cabe esperar demasiada: tanto Casado (por la Iglesia) como Santamaría (célebres nupcias en Brasil) son cachorros del partido al que ha expulsado del poder una sentencia judicial -categórica- por corrupción, moción de censura mediante. Es indudable que la guerra (entre iguales) proseguirá con independencia del resultado. Si alguien espera que de este cónclave salga un partido unido alrededor de un líder puede irse despidiendo. Las opciones no son de futuro. Se enfrentan dos formas de pretérito: Aznar versus Rajoy a través de escuderos. No es un menú apasionante ni para un hambriento.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

Espadas, la bola extra

carlosmarmol · 21 julio, 2018 · Deja un comentario

Cuando un gobernante -cualquiera que sea su rango- dice que ha tomado una decisión por nuestro bien conviene echarse a temblar o agarrarse la cartera, si hubiera o hubiere. O ambas cosas. Por lo general, estas bondadosas resoluciones políticas o nos cuestan más dinero (de lo normal) o de beatíficas no tienen nada. Ni el nombre. En la súbita guerra del árbol que desde hace semanas mantiene sublevados a muchos vecinos y organizaciones sociales y civiles de Sevilla, opuestas a la tala masiva y sistemática que ha decidido de forma unilateral el gobierno del alcalde más quietista que vieron los siglos pasados y verán los venideros, ocurre básicamente esto. Espadas niega la mayor -una tala indiscriminada- y dice que están actuando por el bien de todos porque en Sevilla las ramas de los árboles matan.

La Noria del miércoles en elmundo.es

Un burdel con orquesta

carlosmarmol · 14 julio, 2018 · Deja un comentario

A los periodistas nos han educado (es un decir) con una sentencia mítica cuya autoría se atribuye a Tom Wolfe: «No le digas a tu madre que te dedicas a hacer periódicos. Es mejor que le cuentes que trabajas de pianista en un burdel». La frase resume, de forma irónica, la escasa consideración social que tenía nuestra profesión antes de la revolución digital, que en determinados sitios ha transformado el negocio en un sicariato cuya actividad consiste en la obtención de fondos públicos a cambio de malvender una influencia inexistente. Ya se sabe: no hay nada más romántico que la decadencia de unos héroes que nunca existieron. Por eso diríamos que el proxenetismo, un delito según el Código Penal, es una industria mucho más rentable que el periodismo, aunque en el fondo no se diferencien en demasiadas cosas.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

Sevilla, la pista de aterrizaje

carlosmarmol · 14 julio, 2018 · Deja un comentario

El amor del socialismo indígena por las causas civiles de los sevillanos va por barrios. Unas, preferentemente las que proceden de la Sevilla Eterna o aquellas que son políticamente correctas, les interesan mucho; en cambio otras, como las que impulsan las asociaciones de vecinos combativas, no son muy de su gusto. ¿Cómo averiguar en cuáles de ambos grupos puede uno ser catalogado? Pues básicamente por los hechos, no por las palabras. En esto, como en todo en esta ciudad, la cosa depende de quién seas, cómo te acompañes y, sobre todo, de si tus reivindicaciones son críticas o amables con el poder. Si los promotores del asunto son bizcochables -léase el término a la manera sevillana- recibirán subvenciones, palmaditas en la espalda, sonrisas y puede que hasta una foto oficial. Pero nuestros munícipes, con el alcalde quietista a la cabeza, se cuidarán mucho de manifestar tanta cordialidad con quienes no sólo no asienten, sino que además salen a la calle para pedir cosas de sentido común.

La Noria del miércoles en elmundo.es

El peronismo es un plato de ducha

carlosmarmol · 7 julio, 2018 · Deja un comentario

Fue en Granada, agua oculta que llora, paraíso andalusí, calle de Elvira, donde viven las manolas, las que se van a la Alhambra, las tres y las cuatro solas, una vestida de verde, otra de malva, y la otra con cintas en la cola; la ciudad de Lorca, el único horizonte de montañas nevadas de la República Indígena. Allí, en la Suiza meridional, sucedió el milagro, aconteció el portento y ocurrió, sí, el prodigio que confirma el poder de la Querida Presidenta para cambiar el curso de la historia y devolverle al Pueblo el bienestar que merece esta su Tierra. Si Neruda, que cantó a las inmensidades americanas, escribió un poema al humilde caldillo de congrio, una oda a la cebolla y otra a los calcetines, y Machado (Antonio) dedicó versos a las moscas, Su Peronísima ha enviado a sus pesebristas, cargos mayores y embajadores menores, a inaugurar, con trompetería gráfica, el plato de ducha que ha tenido a bien conceder -en concurrencia pública, que esto no son los ERE ni los cursos de formación de la CEA- a un octogenario con problemas para acceder a su bañera sin riesgo cierto de caída. Una gesta solidaria que debería abrir el informativo de Canal Sur.

Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

Variaciones (sevillanas) sobre un relato de Cortázar

carlosmarmol · 7 julio, 2018 · Deja un comentario

Nos gustaba el barrio porque, además de antiguo, tenía un aire gastado, igual que esas cosas que se quieren en exceso porque se han usado demasiado. Cobijaba los recuerdos de quienes nos precedieron, el padre de mi padre, la madre de su madre, los pasos inciertos de los progenitores compartidos, idos ya para siempre, lo mismo que cualquier día también nos marcharíamos nosotros. Ella y yo nos acostumbramos a vivir allí, aunque sin participar en los rituales indígenas. Ya saben: sacar a los santos a redoble de tambor y corneta, beber cerveza como si no hubiera mañana, orinar en los portales ajenos, dar gritos sin razón y presumir de un ingenio tan ridículo como ficticio. Obviando estas prácticas sociales, parecía ser una ciudad agradable para retirarse, aunque no hubiera un árbol sano en sus calles, quemadas por un sol prehistórico. Al principio no nos pareció un lugar muy caro. En aquel entonces, además, todavía era un sitio periférico. Quedaba a trasmano de todo, aunque sus habitantes creyeran pisar el centro del orbe y, con una insistencia patética, la comparasen con Roma.

La Noria del miércoles en elmundo.es

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Ilustraciones: Daniel Rosell