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Andalucía

Los ambulatorios que perdimos

carlosmarmol · 5 octubre, 2021 · Deja un comentario

Lo diremos, para que se nos entienda sin duda, a la manera de Núñez de Herrera: «Perdonad: en el principio fue la salud; la autonomía vino luego». Sin la primera no existe la segunda. Ni absolutamente nada. Basta ver a la lealísima oposición insistir, desde hace una semana, en el calamitoso estado en el que se encuentra la Atención Primaria en la Marisma -léase: los ambulatorios que perdimos, por seguir con la retórica de los costumbristas– para caer en la cuenta de que el Quirinale, primitivo hogar de mareantes, tiene dos grandes problemas, dos. El primero es el aliento de Génova, cuya plana mayor pasó por Villa Luisa como preámbulo de la guerra que viene: el congreso de la ternura armada, donde Sanz (Ioseph Ludovicus) va a querer estar en la Ejecutiva regional. ¿Verdad? El segundo es la erosión, imperceptible todavía en los sondeos, pero evidente en la calle, que va a suponer para el Reverendísimo la gestión de la primera parada del sistema sanitario en Andalucía.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La consumación ‘sub rosa’

carlosmarmol · 2 octubre, 2021 · Deja un comentario

Como no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, en los mentideros políticos indígenas está celebrándose con entusiasmo (prematuro) la posibilidad de que los escabechistas y el PSOE de Ferraz -capitaneado (de momento) por Espadas, el Ungido-, alcancen un acuerdo sobre las cuentas autonómicas del año entrante que permita al Reverendísimo sobrevivir unos meses más al destino: la inevitable debacle del Adelantado Marín, envidia de las academias, seguida de la irrupción de los ultramontani de Vox en la sacra capilla de San Telmo. Il Presidentino se deja querer ante el acoso (enamorado) del alcalde de Sevilla, que necesita desesperadamente -el tiempo que le han otorgado es escaso- salir de la irrelevancia. Podrían irse a un hotel, pero han elegido para consumar su historia de amor el Quirinale, igual que los Montpensier.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Güelfos y gibelinos

carlosmarmol · 1 octubre, 2021 · Deja un comentario

En sus Conclusiones sobre la importancia de la ortodoxia, el gran G.K. Chesterton, señor del ingenio y maestro de las paradojas inteligentes, escribe que, en contra de lo que se piensa, aquello que mejor define a un hombre son los dogmas que profesa. El ser humano, según el escritor británico, es una criatura esencialmente doctrinal. Todo lo contrario a lo que propuso la posmodernidad –ya saben: la muerte de los grandes relatos– y exige el ejercicio de la política contemporánea, donde tener una humilde convicción, aunque sea la más inocente del mundo, se considera un perfectísimo estorbo. “Cuando uno se erige en Dios, sin abrazar ninguna forma ni credo, lo que hace es retroceder hacia la vaguedad de los animales errantes, hacia la inconsciencia de la hierba. Los árboles carecen de dogmas. Los nabos son excepcionalmente amplios de miras”, escribe (con sorna) el creador de El Padre Brown.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

 

Escenas de cine mudo

carlosmarmol · 29 septiembre, 2021 · Deja un comentario

En política conviene saber hacer teatro. Siempre. En todo momento. En cualquier lugar. Del derecho y del revés. La comedia, por supuesto, es toda una gran mentira -a esto se refieren los spindoctors cuando hablan del relato-, pero el simulacro de la vida pública exige que los trampantojos se nos presenten como si fueran deliciosos. Quien paga exige sumisión. Quien cobra es conminado a callar. La semana pasada terminó con el Reverendísimo saliéndose por vez primera del tiesto de la contención, esa flor extraña, al ordenar chitón (so tarabillas) a su Direttore della Comunicazione y a ciertos heraldos. «No me hagan grupos y, por favor, bajen la voz cuando estamos hablando los presidentes», vino a decir. Así. En plural mayestático.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Kichi I, ‘Il meglio’

carlosmarmol · 24 septiembre, 2021 · Deja un comentario

Antonio de Guevara, que además de obispo de Mondoñedo fue un soberbio ensayista, gloria áurea de las letras del Renacimiento español (el de verdad, no el Quattrocento en escabeche), cuenta en su Relox de Príncipes, un tratado del buen gobierno, que los romanos tenían una ley en las Doce Tablas por la cual si un ciudadano aventuraba su vida en defensa de Roma la ciudad debía hacer un altar para perpetuar su honra, que se trasladaba a los herederos de su linaje. Al alcalde de Gades, la fenicia, José María González Santos (Róterdam, 1975), Kichi I de Cádiz y V de la Bahía, le sucede lo que en la urbe del Tíber le ocurría a la estirpe de los Camilos: ambiciona la tenencia (indefinida) de la colina del Capitolio que, como todos los indígenas de la Marisma sabemos perfectamente, reside en la plaza de San Juan de Dios.

El Bestiarium en El Mundo.

Sevilla-Olot-Poblet, 1980

carlosmarmol · 24 septiembre, 2021 · Deja un comentario

La vida, a veces, tiene el argumento de una farsa: los dos eventos categóricos en los que, sin duda, somos los únicos protagonistas –el nacimiento y el deceso– no los recordaremos nunca. El primero no se fija en la memoria y cuando acontece el segundo ya no estamos aquí. De casi todo va haciendo ya más de esos veinte famosos años que, como decía el tango, puede que quizás no sean nada, pero –duplicados– terminan convirtiéndose en una cuarentena. Las cosas, desde esta perspectiva, cambian. La rebeldía muda en melancolía. El tiempo, ese extraño fluido en el que habitamos, se vuelve escaso. Y el calendario pasa de ser un milagro cotidiano a transformarse en un juicio contra reo. La condena, ya lo sabemos, es segura. Hace cuatro décadas, Javier Aristu Mondragón, un andaluz de Murcia –los meridionales carecemos de patria; nuestra verdadera placenta es la luz del sol–, viajó de Sevilla a Olot, cruzando los campos amarillos de Castilla a bordo de un Renault 5, junto a su amigo Manuel Mallofret, para participar en una de esas escuelas estivales que organizaba el PSUC, entonces el partido más hegemónico de una izquierda regionalista fascinada con impulsar una descolonización interna en la España que salía de la larga noche del franquismo y se dirigía hacia la incertidumbre de una democracia acordada y, en cierto sentido, acordonada.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

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Ilustraciones: Daniel Rosell