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Literatura

Manuel Arroyo-Stephens, milagros de un dilentante

carlosmarmol · 12 julio, 2024 ·

“Las autobiografías deberían escribirse después de muerto. Las memorias, nunca. Da serenidad y perspectiva a lo que no la tiene. Es posible que desde fuera tenga sentido la cosa, la vida. Que se vea clara la causa, la raíz, la madre del cordero”. Cualquier escritor desearía, si es que la inseguridad no lo ha convertido hace tiempo en su prisionero, mandar el mundo a paseo y ponerse a escribir sin tonterías, sin teorías, prescindiendo de un guión establecido, a la buena de Dios, entregado al deslumbramiento del instante y guiado por el vendaval –no siempre piadoso– de la improvisación. Escribir sin que importe el género, ni la sintaxis –que nace y brota sola, se enreda y se desenreda sin admitir más dueña ni señora que ella misma– y, simplemente, dejar para siempre por escrito las palabras que bailan en tu cerebro. No es una tarea fácil: a muchos autores (españoles) les sucede con la literatura lo mismo que aquellos que no terminan nunca de hablar bien otro idioma, aunque dominen a la perfección las reglas gramaticales y sepan el léxico: el infinito miedo al ridículo, que es el más tonto de todos, acaba frustrando sus deseos, al hacerlos incapaces de imitar (como hacen los niños) la melodía y la dicción de la lengua extranjera.

Las Disidencias en Letra Global.

Un panfleto (ilustrado) en defensa de Occidente

carlosmarmol · 11 julio, 2024 ·

Todas las revoluciones vienen a impugnar un determinado estado de cosas –buenas o malas– e imponen, por lo general a la fuerza, aunque no siempre lo muestren a través de la violencia, un statu quo distinto –el nuevo tiempo, un concepto de clara filiación evangélica– donde una parte de las masas son entronizadas de forma simbólica –a través de un cerrado y selecto grupo de representantes que se erigen en la vanguardia del movimiento– y otras, sobre todo las que se manifiestan de forma tibia, neutra o persisten en su independencia, son canceladas, denigradas y perseguidas. Muchas veces, hasta el martirio. Así es como demasiadas rebeliones (incluidas las justas) se han convertido en venganzas, pogromos e inmensas matanzas. Es curioso que, a lo largo de la Historia Universal, no hayamos conocido casi ningún cambio súbito de poder, a excepción de la revolución liberal, que entronca con el noble ideal de la primitiva democracia griega, que no se cobrase un sinfín muertos y donde los verdugos visten, con devoción abiertamente sacerdotal, con los inmaculados paños de los falsos santos.

Las Disidencias en The Objective.

Las edades de la novela

carlosmarmol · 7 julio, 2024 ·

Pensamos gracias a la magia del lenguaje. Describimos –y concebimos– la realidad a través de narraciones. Siendo cosas indudables, resulta inconcebible que en los planes educativos oficiales, en el posterior ejercicio profesional, e incluso en los avatares vitales, la literatura haya sido relegada , a un espacio secundario por los pedagogos –¡vade retro, Satanás!– y por una parte de la sociedad, orgullosa y segura de su ignorancia. La tecnología, al fin y al cabo, no es más que una forma de lenguaje (entre las máquinas). La ciencia no deja de ser un gran relato sobre la naturaleza. Todo esto ya lo sabían los clásicos, que establecieron como principios de la formación el trivium y el quadrivium, los ciclos de las siete artes liberales que fueron sistematizadas –cosa bastante curiosa– a partir del siglo VI gracias a Casiodoro, el discípulo de Boecio, cuando Grecia ya era un remoto recuerdo y Roma no existía. El trivium comprendía la tríada que forman la gramática, la retórica y la dialéctica. Todas disciplinas de la expresión. El quadrivium completaba esta formación en letras, que es la esencial, con la aritmética, la geometría y la música. Códigos que explican los números, las formas en el espacio y los sonidos.

Las Disidencias en Letra Global.

Retrato de Menéndez Pidal (con Juaristi al fondo)

carlosmarmol · 6 julio, 2024 ·

De las innumerables formas en las que puede describirse a un hombre, y son legión, a Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), cuyo nombre acostumbra a venir antecedido del don, como si el tratamiento de respeto y la admiración en su caso fueran un sello de serie, igual que el haz que contiene los rasgos genéticos, le cuadraría el de sabio entre dos ingenuidades. Maestro de la filología, historiador de fuste, medievalista esforzado, su figura se presta a una biografía de época: la España que discurre, entre calamidades y alegrías, entre el último tercio del siglo XIX y el estallido del mayo francés, tras el cual se despidió de este mundo como burlándose de la lógica de los números redondos, con 99 años exactos, justo antes de alcanzar el siglo. No fue su única singularidad: otra consiste en haber pertenecido –sin que muchos lo recuerden– a la Generación del 98, que es la que estrena la Edad de Plata de la cultura española.

Las Disidencias en The Objective.

Apuntes sobre la melacolía en la sociedad digital

carlosmarmol · 3 julio, 2024 ·

Quien lo hace a diario, lo sabe: escribir en corto es más complejo, difícil y, a veces, hasta más sofisticado que hacerlo con una extensión libre o sin límite. Los formatos y los géneros breves exigen una altísima condensación de sentido –intelectual y retórica– que no demandan los libros largos, a los que Borges siempre miró con una inteligente desconfianza. El escritor argentino nunca publicó una novela porque no era amigo de los momentos de transición que requiere la narrativa de largo aliento, innecesarios en su formato preferido: el relato fantástico. Esta misma regla rige en el caso del ensayo: al margen de los argumentos que se expongan, la mejor literatura de ideas, igual que los poemas, requiere explicar las cosas con las palabras justas, aunque se prescinda de una exposición sistemática, y dominar un estilo en el que la divagación tenga un cierto rumbo o, al menos, un mapa de navegación.Nadie como los clásicos, maestros de la destilación inteligente, para escribir libros esenciales, bellos, breves y útiles, donde lo que se dice y cómo se dice se nutren mutuamente.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell