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Literatura

Anatomía del nazismo: cenizas de Auschwitz, espantos de Gross-Rossend

carlosmarmol · 19 abril, 2024 ·

La muerte consiste en un tránsito, lo mismo que la existencia se reduce a una suma, no siempre afortunada, de sucesivas metamorfosis. En la cultura clásica se la representa como una breve travesía: el cruce de la laguna Estigia desde una orilla (la de los vivos) hasta otra (el lado de los difuntos). Hay quien teme llegar a este destino unívoco, que a todos nos iguala; otros, en cambio, no están convencidos de que la ribera opuesta –terra incognita, llamaban los latinos a las regiones que nos son desconocidas– exista en realidad, salvo como una piadosa alegoría de lo irremediable. Para las civilizaciones antiguas, sabias conocedoras de la realidad de las cosas terrestres, aunque las expresasen condensadas en mitos y cosmogonías, la extinción de la carne (y también la agonía del alma) era tratada desde una consoladora óptica humana. Sea por piedad o por decoro, el caso es que el finado nunca lo era por completo –se trataba de un alma en proceso de peregrinación– y la travesía fatal, que se le encomendada a Caronte, se equiparaba aun viaje fluvial hacia otro estado espiritual. Tan concreta es la idea de la muerte de los clásicos grecolatinos que al barquero había que pagarle –como tasa– una moneda de oro. El capitalismo, que no es una invención moderna, sino ancestral, nace con el viático.

Las Disidencias en Letra Global.

Ana María Moix y la Barcelona del ‘Tele/eXprés’

carlosmarmol · 12 abril, 2024 ·

El periodismo, al que suele adjudicársele la condición de primer borrador de la Historia, tiene en ocasiones la extraña capacidad de convertirse en la Historia misma. No es frecuente, pero la escritura de periódicos, de naturaleza fugaz y pasajera, a veces es capaz de condensar la atmósfera de un momento exacto en el tiempo gracias la utilización de recursos vulgares que, precisamente por poseer dicha naturaleza y condición –la vida es prosaica; la muerte, la abstracción total–, otorgan cuerpo a un pasado que el paso del tiempo y el entusiasmo de los biógrafos acostumbran a amplificar, en general sin motivo. Ya se sabe: el arte no depende sólo de la voluntad del artista. Requiere talento y ese milagro que consiste en transformar lo que es banal en algo extraordinario. Esto es lo que hace el magnífico libro que Amarillo Editora, un sello joven comandado por Ester Vallejo, editora que antes ha sido librera, acaba de publicar con casi una treintena de las entrevistas (muchas de ellas colosales) que Ana María Moix (1947-2014) hizo a comienzos de la década de los setenta a personajes culturales de la Barcelona de hace medio siglo. Todas publicadas en Tele/eXprés, un periódico nacido a mediados de los sesenta y el primero de capital privado (era propiedad de la familia Godó, editora de La Vanguardia) que se publicó en la Ciudad Condal después de la Guerra Civil. El Tele fue uno de los intentos de dar cabida en la prensa –hipotecada por el absurdo diktat de la censura franquista– a las aspiraciones de cambio social.

Las Disidencias en Letra Global.

Ósip Mandelstam, la memoria sensorial de Rusia

carlosmarmol · 4 abril, 2024 ·

La vida, sobre todo para quien la está viviendo en primera persona, parece una narración. Sin embargo, la existencia no sigue trama alguna, dista de tener un rumbo cierto –por mucho que la voluntad quiera gobernar el barco siempre es la tempestad la que se impone– y tampoco dispone de lógica. La novela de nuestra vida (amarga) la escribimos –literal o figuradamente– nosotros. Por eso, al hacer balance de los años perdidos, es mucho más honesto componer un álbum de recuerdos con las escenas que nuestra memoria ha podido salvar de la devastación del tiempo que inventar una peripecia lineal con principio, desarrollo y crepúsculo. Roland Barthes descolocó a sus lectores, y a buena parte del sanedrín académico de su tiempo –años sesenta–, cuando decidió condensar su autobiografía en una selección de imágenes y objetos, como si sus huellas sobre la Tierra que encerrasen en el catálogo de una exposición. Optó además por contar su vida en tercera persona, simulando que el protagonista del relato era otro hombre –en parte, era verdad– y obligando a que su caracterización dependiera de la resolución de un enigma. Toda una misión imposible: no es posible desentrañar un yo que ya no existe porque se ha ido diluyendo con el curso natural de la vida.

Las Disidencias en The Objective.

Manual (descriptivo) de autócratas y dictadores

carlosmarmol · 29 marzo, 2024 ·

“La única diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en una democracia puedes votar antes de tener que obedecer las órdenes”, escribió, en un alarde de ingenio, Charles Bukowski. La frase, cargada de ironía, expresa muy bien la jerarquía –sea natural o artificial– que rige dentro de cualquier sociedad. Dos son compañía (a veces) y también el principio de esa forma de dominio salvaje que denominamos política. Uno(s) manda(n) y otros obedecen, ya sea mediante la persuasión o gracias a la fuerza. La civilización consiste en lo primero, pero el ser humano tiende ancestralmente a lo segundo. La revista británica The Economist calculó el pasado año que los regímenes autoritarios (59) triplican a las democracias plenas (24) en el mundo actual. Entre ambos extremos existen una mayoría de Estados soberanos (84) que se encuentran a mitad de jornada entre ambas situaciones: unos habitan en democracias imperfectas y los gobernantes de otros, fieles a la costumbre de los dictadores, recurren a algún tipo de sistema asambleario para intentar dotar de apariencia popular el poder sin límite que tienen sobre su población.

Las Disidencias en Letra Global.

Charles Dickens y el cofre de las maravillas del viejo periodismo victoriano

carlosmarmol · 22 marzo, 2024 ·

Si practicamos el arte del anacronismo, ese juego de ingenio que consiste en explicar el presente con los hechos –y las herramientas– del pasado, no cabe duda de que Charles Dickens (1812-1870) describió mejor que nadie los vicios morales de la amnistía que acaba de aprobar el gobierno de Pedro Sánchez con 165 años de anticipación. El 24 de septiembre de 1859, en la revista literaria All The Year Around, de la que era editor y principal propietario, el novelista británico imprimió –obviamente a su costa– un artículo titulado ‘Cinco nuevas cláusulas en la ley de criminales’. La pieza, una auténtica obra de arte, tiene su génesis en una iniciativa parlamentaria del gobierno de turno para “rectificar” los delitos de sangre en el Código Penal. Escrita con una ironía colosal, usando las dosis pertinentes de paradoja y exageración, Dickens describe el sinsentido de un poder político arbitrario e interesado que, en lugar de penalizar a los delincuentes, decide absolverlos a toda costa por el procedimiento de culpar a sus víctimas.

Las Disidencias en Letra Global.

Andreu Jaume y Eduardo Jordá, dos poetas (maduros) mallorquines

carlosmarmol · 20 marzo, 2024 ·

Leonard Cohen aseguraba que la verdadera edad de los poetas es siempre la misma: 18 años. El escritor y músico canadiense enmendaría –en vida– esta afirmación en forma de verso al prolongar su condición sagrada de vate (minimalista) hasta el último de sus días en la Tierra. ¿Quién que no haya vivido en el mundo de ayer no sintió en algún instante perdido, entre la adolescencia y la primera juventud, la pulsión secreta de escribir un poema? Por fortuna, la mayoría de ellos –existen excepciones, claro está– nunca se publicaron, quedándose olvidados en un cajón y salvando a sus autores del compromiso que supone, muchos años después, tener que enfrentarse a los anhelos de ese desconocido que lleva su mismo nombre. Escribir versos cuando se es joven –porque la vida después va en serio– no es lo mismo que hacerlo en los albores de la primera senectud: lo primero es –o al menos era– natural; lo segundo puede calificarse de excepcional. Sin embargo, no siempre se repara en que la mejor edad para hacer poemas es la madurez, cuando uno ya ha experimentado en su carne lo que de joven imaginaba y la vida no ha terminado por estropearlo.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell