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Política

Los ‘indepes’ del califato

carlosmarmol · 8 febrero, 2021 · Deja un comentario

muchos les parecerá increíble, pero siempre hemos pensado que las caricaturas, sobre todo las que publicaban los periódicos decimonónicos, son mucho más exactas que las fotografías. Básicamente porque la realidad no es armónica y se nos presenta bajo la caprichosa forma de una constelación de deformaciones. Cada uno de nosotros tiene la suya. Es esa señal –léase el don, el defecto, la virtud o el pecado– que nos define y nos distingue de los demás. Nuestras taras pueden ser semejantes, pero ninguna de ellas se conjuga de idéntica forma. Viene todo esto al caso del asombro que nos provoca la capacidad del nacionalismo para contagiar todo lo que toca. Basta repasar la Historia de España desde finales del siglo XIX, que es cuando cristalizan los identitarismos ibéricos en su formulación burguesa, para darse cuenta de que nuestra realidad política no sería la que es si hubiéramos fabricado a tiempo una vacuna cultural contra esta pandemia. La España actual no se entiende sin estos antecedentes. Tampoco se comprende si no se tiene en consideración el síndrome de la compensación que los nacionalismos –ésta es su victoria– han inoculado en parte del imaginario del resto del país, que piensa que efectivamente hay un agravio histórico que debería solventarse cuando lo único que existe es un relato interesado basado en la industria victimismo. Ya saben: la eterna cuestión del encaje de Cataluña en España.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Velasco, liberal y reversible

carlosmarmol · 6 febrero, 2021 · Deja un comentario

Un economista (de observatorio) es muy parecido a un relativista. Alguien que pertenece a un club (de intereses) y persigue influir en las decisiones políticas (además hacer negocios, preferentemente por la vía de la intermediación) sin presentarse a unas elecciones, como sería lo normal, sino amparado bajo el paraguas de la influencia, lo que ofrece la indudable ventaja de ahorrarte los sofocones de la militancia. A Rogelio Velasco (Sevilla, 1957), consejero de Economía, a quienes sus amigos llaman Roger (sin el Moore), le preguntaron cuando accedió a su actual magistratura: «¿Cree que la burocracia mata al emprendimiento?». Su respuesta fue: «Absolutamente. Lo digo de manera categórica. Es lamentable». Parece la proclama de un buen liberal, y lo sería si no fuera porque su autor, catedrático en Granada y exdirectivo de multinacional, se ha descolgado esta semana con la fusión de cuatro agencias autonómicas -Idea, Emprende, Extenda y Conocimiento- en un nuevo ente (Andalucía Trade) que agrupará al ejército en nómina de la Junta para incentivar el empleo (básicamente, el suyo). Velasco nos vende la cosa con la fábula de la ventanilla única. Un clásico, igual que los unicornios azules.

El Bestiarium en El Mundo.

La batalla de los cabildos

carlosmarmol · 5 febrero, 2021 · Deja un comentario

G.K. Chesterton, ese prodigio de la agudeza, publicó en 1911 en las páginas de The Saturday Evening Post un relato breve –The Invisible Man– cuyo protagonista es un cartero asesino que reparte las facturas, los mensajes comerciales y las epístolas íntimas –“cartas y venían”, dice una vieja canción de amores contrariados– con un uniforme tan llamativo que, a fuerza de omnipresente, termina por convertirse en imperceptible gracias al indestructible poder de la costumbre. “Nadie se fija en los carteros y, sin embargo, tienen pasiones como los demás hombres, y a veces llevan a cuestas sacos enormes donde cabe muy bien el cadáver de un hombre de pequeña estatura”, escribe el autor británico en su serie dedicada al Padre Brown. En efecto: muchas cosas no son como parecen. Sobre todo en política, el arte de la simulación social. Si el éxito de un crimen depende de que la víctima no se despierte demasiado pronto, la batalla que libran la España interior y el Levante Peninsular por garantizarse el león de los hipotéticos fondos europeos para acelerar la construcción de los tramos pendientes del Eje Ferroviario de Mercancías en sus respectivos territorios no se entiende sin tener en cuenta determinadas pulsiones que, sólo en segundo término, adquieren una traducción política

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

 

Mal tiempo, buen teatro

carlosmarmol · 3 febrero, 2021 · Deja un comentario

El gran Enrique Jardiel Poncela, cima de nuestra mejor literatura humorística y antónimo del costumbrismo de la gracia, tan celebrado en la Marisma por quienes creen vivir todavía en la posguerra de su infancia, dejó escrita en Eloísa está debajo del almendro la mayor concatenación de refranes dentro de una misma frase. Reza así: «Y como no hay que olvidar que de fuera vendrá quien de casa te echará, yo me dije, digo: ‘Hasta aquí hemos llegao; se acabó lo que se daba; tanto va el cántaro a la fuente, que se rompe; ca uno en su casa y Dios en la de tos; y al mal tiempo buena cara, y pa luego es tarde, reirá mejor el que ría el último». ¿Qué pretendía el dramaturgo con este parlamento? Hacernos reír -no hay consuelo mayor ante las desgracias- y, de paso, demostrar que el español cuenta con refranes para casi todo, incluidas las contradicciones.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

La fascinación melancólica

carlosmarmol · 1 febrero, 2021 · Deja un comentario

Todos éramos más jóvenes y, probablemente, mejores. Tendemos a adjudicarle al tiempo la capacidad de convertirnos en personas más sabias –hasta el demonio, según el refrán, ejerce el doctorado que otorga el triunfo (pasajero) de resistir la dictadura del calendario– pero, cuando lo consigue, se debe a la pedagogía del desengaño, más intensa cuanto más años se han perdido por el camino. Hace cuatro decenios que Adolfo Suárez, aquel chusquero de la política, según su propia definición, dimitió como presidente del Gobierno tras cinco años en los que fue elegido democráticamente dos veces y una tercera –la previa– por el dedazo del emérito, reverso –cada vez más tenebroso– de una Transición cuyos actores destacados nunca imaginaron que en 2014, cuando el tiempo finalmente lo alcanzó, verían a España rendir un homenaje público a un político que fue jefe del Movimiento Nacional. Pensándolo desde el presente, en una España polarizada, destrozada por la pandemia, ignorante de sí misma, no se nos ocurre un cuento más asombroso. Quizás fue el instante del último consenso de Estado. Un final de siglo.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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Ilustraciones: Daniel Rosell