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Política

Europa ya no nos quiere

carlosmarmol · 13 julio, 2020 · Deja un comentario

El signo de estos tiempos está marcado por las rebeliones (virtuales o reales, da lo mismo, porque las cosas no son lo que son, sino como nos parecen) de determinadas minorías frente a las mayorías y a ciertos símbolos tradicionales. Las causas, por supuesto, son instrumentales. Lo que palpita bajo este fenómeno, como siempre, es una pugna por el poder y la relevancia cultural. Una guerra formulada en términos antagónicos, donde hasta el interés general –ese patrimonio compartido por todos, incluidos los contendientes– es sacrificado si es necesario para conseguir la victoria. Persuadir, según este paradigma, es cosa de tibios. Se trata de vencer, incluso de aniquilar. Volver a escribir a capricho la Historia, derribar estatuas e instaurar una nueva moralidad, no precisamente benéfica. A su manera, el virus de esta rebelión contra el sistema –que pretende la ocupación de su cúspide, más que su sustitución– ha colocado a la Unión Europea en una situación de crisis de identidad que puede frustrar un hermoso proyecto fundado sobre la concordia. Hace mucho tiempo que las instituciones europeas reaccionan tarde, mal o se inhiben ante problemas capitales. En política los espacios vacíos se ocupan. La incomparecencia nunca es neutra. Tiene costes. El primero ya lo tenemos sobre la mesa: el riesgo cierto de una fractura de la propia idea de Europa, que conceptualmente surgió al amparo del interés comercial para federalizar las relaciones, no siempre pacíficas, entre sus naciones. El peligro real es regresar al origen, pero sin esperanza: consolidar una Unión Europea​ asimétrica donde, en vez de relaciones políticas, los vínculos sean de rentabilidad. Una Europa de todos frente a otra divergente.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

Una democracia sin moral

carlosmarmol · 12 julio, 2020 · Deja un comentario

Los grandes escritores moralistas, desde la tradición francesa que comienza en el siglo XVII y termina con la Ilustración, hasta los momentos contemporáneos, que no son exactamente los presentes, sino los que dieron forma a nuestro pasado más inmediato, gozan de una injusta consideración en la era fragmentaria y líquida de la posmodernidad. Se les tiene por anacrónicos. Aún más: como voluntariosos dogmáticos, aunque el significado de ambos adjetivos no tenga ningún sentido cuando se enuncia desde el cómodo sofá del relativismo, que sustituye el pensamiento por el interés partidario. La democracia española, esa imperfecta hija de la Transición, resultado de una reforma política hecha desde arriba hacia abajo, y que se cuidó de no convertirse en ruptura, vive, más de cuatro décadas después de su instauración, una crisis cultural sistémica. ¿Por qué Hay un relato al respecto, construido desde dentro, que describe la coyuntura actual como un un cuento de guerra: el castillo democrático, tal y como lo conocemos, estaría siendo objeto de un ataque liderado por los nacionalismos y los nuevos populismos, en apariencia de perfil antagónico pero semejantes en sus formas retóricas y sus actos políticos.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

El fin del equilibrismo

carlosmarmol · 11 julio, 2020 · Deja un comentario

Las desgracias se parecen mucho a las puñaladas. De entrada, no se sienten; después, te matan con retardo. La ruina que le espera a la Marisma con el coronavirus es como un iceberg: atisbamos la superficie; pero sabemos que lo peor está oculto bajo el agua. Fíjense ustedes, queridos indígenas, cómo será el tamaño del desastre que hasta el Reverendísimo, que es un tipo cauto y prudente, ha confesado esta semana: “A partir de septiembre  Andalucía vivirá la peor crisis social y económica de toda su historia”. Cabe preguntarse las razones por las cuales Il Presidentino sitúa dentro de dos meses el gran batacazo. ¿Acaso es que la desgracia coge vacaciones? Como esta hipótesis es improbable, sólo cabe pensar que quienes sí van a tomarse una libranza (relativa) antes del terremoto son nuestros próceres. Hasta entonces, según todos los indicios, no se va a tomar ninguna decisión drástica, salvo que los rebrotes –contamos con diecisiete resurrecciones del bicho, en Granada y Málaga especialmente, pero también en Cádiz, Huelva y Almería– obliguen al Quirinale a tragarse el optimismo (interesado) de estos últimos meses y acepte al fin la evidencia: volveremos al confinamiento preventivo, aunque se decrete por zonas y desde las instituciones se evite dar la sensación de que la situación no está controlada.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

El misticismo andalucista

carlosmarmol · 10 julio, 2020 · Deja un comentario

El andalucismo, desde un punto de vista cultural, es una suerte de cristología, lo mismo que la metafísica, al decir de Borges, debe ser entendida como una rama de la literatura fantástica. Las analogías religiosas, en el campo de las ideas políticas, son herramientas muy elocuentes. En primer lugar, porque los nacionalismos –en cualquiera de sus variantes– suelen propugnar un programa redentorista: el largo camino desde unas supuestas tinieblas hacia una hipotética liberación jubilosa. Y, en segundo término, porque a menudo condensan su mensaje en la figura –o el paisanaje– de sucedáneos de profetas e improbables mesías, que interpretan los deseos del pueblo. Andalucía no es una excepción a este modelo, aunque los defensores de su causa nacional hayan insistido durante décadas en que su formulación no es intrínsecamente excluyente, sino integradora, incurriendo en el oxímoron del nacionalismo universalista. Basta leer a Blas Infante, considerado “el padre de la patria andaluza” –esta denominación está sacada del Estatuto de Autonomía, que remite a su vez a un reconocimiento parlamentario de inicios de los años ochenta– para reparar en que su Ideal Andaluz, el misal que anticiparía el autogobierno del Sur de España, y en otros muchos textos salidos de la pluma de este notario de Casares, de cuyo nacimiento se cumplen este julio los 135 años, fusilado por los falangistas en 1936 sin juicio, palpita una forma de misticismo esotérico que entronca con el sustrato cultural que en su tiempo –principios del siglo XX, desde el reinado de Alfonso XIII, incluida la dictadura de Miguel Primo de Rivera, hasta la Guerra Civil, pasando por la Segunda República– alumbró el regionalismo meridional.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Elogio y refutación de Blas Infante

carlosmarmol · 8 julio, 2020 · Deja un comentario

Uno de los efectos más nocivos del nacionalismo, no importa de qué variante se trate, es la confiscación política de los sentimientos, que (por naturaleza) son expresiones libres e individuales. Los afectos no tienen más dueño que aquel que los elige, lo que implica poder discutir -a ser posible con respeto- las imposiciones sentimentales. Esto, que debería ser una sanísima costumbre, resulta imposible en la República Indígena, donde desde hace casi cuatro décadas las instituciones públicas, que son teóricamente de todos, han instaurado un ideario particular que confunde la identidad cultural con la patria y tiene en la figura de Blas Infante, de cuyo nacimiento en Casares se cumplen ahora 135 años, su símbolo mayor. Al calor de esta efeméride, a la que seguirá en unos días el tradicional acto de homenaje en recuerdo de su fusilamiento en la Carretera de Carmona, hemos visto a todos los políticos del arco regional, salvo a los ultramontanos, elogiar el «legado espiritual» de Infante, convertido en padre de una nación que nosotros, que hemos nacido aquí, pero podríamos haberlo hecho en cualquier otro sitio, porque nadie elige el lugar donde ve por primera vez la dudosa luz del día, no encontramos por ningún sitio.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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Ilustraciones: Daniel Rosell