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Sevilla

CaixaFórum: el ‘iceberg’ de la Cartuja

carlosmarmol · 3 marzo, 2017 · Deja un comentario

Los aparcamientos de Guillermo Vázquez Consuegra son extraordinarios. El arquitecto sevillano, Premio Nacional de Arquitectura y Medalla de Oro de la Arquitectura Española (CSAE), dejó escondido en la restauración del Palacio de San Telmo, un edificio histórico que alberga la Presidencia de la Junta de Andalucía, un párking subterráneo de sólo 50 plazas que es un discreto homenaje a la modernidad: un maravilloso espacio corrido de 16 metros, con luz meridional y sin pilares, horizontalmente limpio. Por desgracia, sólo lo disfrutan los altos cargos de la autonomía.

Un análisis para El Mundo.

Espadas, petisú y magdalena

carlosmarmol · 25 febrero, 2017 · Deja un comentario

Lo escribió Pepe Guzmán, maestro de los periodistas locales sevillanos, a modo de dedicatoria (llena de ingenio) para el socialista Manolo del Valle: «Tenemos un alcalde que no habla, ni parla, ni hace declaraciones, ni juega al tenis, ni aparece en las revistas, ni desayuna en El Portón, ni se viste de nazareno, ni canta, ni baila, ni veranea en Chipiona, ni compra periódicos, ni va a cines de verano, ni compra pescado frito, ni compra churros en el quiosco de la Macarena, etc, etc, etc…En vez de un alcalde parece que hemos votado al Conde de Montecristo». Como el primero de los clásicos (tan escasos) del gran periodismo indígena, sus doctas palabras continúan vigentes. Perduran. Son exactas.

La Noria del sábado en El Mundo.

Los espejismos inmobiliarios

carlosmarmol · 18 febrero, 2017 · Deja un comentario

Para un hombre de mundo es muy exótico volver a casa. Las cosas siguen igual, o peor, pero la lejanía circunstancial hace que mejore la óptica. La distancia aclara la mirada y confirma creencias, como la imposibilidad de que Sevilla se convierta algún día en una ciudad normal. Nos iría mejor a todos. La Noria, que es nuestra particular rueda de la fortuna, vuelve a girar. Su motor es el viejo espíritu goliardesco de llevar la contraria. A ser posible, con argumentos. Y, si el talento ayuda, sin ponernos estupendos, porque ni somos pregoneros ni nos provocan los atriles. Las voces campanudas nos dan alergia. Y la grandilocuencia del costumbrismo sevillano -especialmente su concepto de guasa– nos espanta. Vade retro, Satanás.

La Noria del sábado en El Mundo.

El melodrama de los buñuelos de nata

carlosmarmol · 6 noviembre, 2016 · 1 comentario

La cosa, en el fondo, no deja de tener gracia. Sobre todo porque ellos nos la presentan como una lacrimosa descomunal. Nuestros queridísimos costumbristas, que siguen dándonos motivos para abandonar el placer íntimo del silencio, andan estos días sumidos en una trágica contradicción. Digamos que padecen una profunda duda ontológica. How deep is your love? En español podríamos formularla así: cómo estar (y al mismo tiempo no estar) en contra de los veladores, esa marea infinita de mesas que ha convertido lo que antes llamábamos Sevilla en una ciudad-abrevadero. No se rían. Se trata de una cuestión seria, metafísica, teológica. Nuestros costumbristas, que aspiran a imponernos su particular canon de vida, su idea de Sevilla y sus traumas de la infancia –en pantalón corto, por supuesto–, hasta el momento eran firmes partidarios de eliminar los veladores de las calles.

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La saga/fuga de las Atarazanas

carlosmarmol · 23 octubre, 2016 · 1 comentario

Una de las patologías indígenas más intensas es el síndrome de la pandilla. Dícese de ese mal, tan frecuente entre algunos sevillanos, para los que el cuerpo familiar y núcleo de seres afines es una unidad de destino en lo universal, la forma suprema de articulación de intereses. En la República Meridional, desde los entierros a las cruzadas, pasando por las bodas, los bautizos, las comuniones, los quinarios, las funciones principales de instituto o hechos tan vulgares como pedir cita en el médico o ir un abogado, todo procura hacerse en comandita; gracias a los célebres contactos, que es una forma de autoafirmación tan divertida como insegura. Lo de menos es que estos consorcios (de intereses) tengan cohesión interna: los miembros de una pandilla de sevillanos, partidarios de cualquier cosa que les sirva para lucir sus aspiraciones de vanidad, pasarán por alto las cuestiones éticas y los argumentos racionales si ven que sus empresas cuentan con el sustento de la tribu. Esto explica muchos de los elementos cruzados que concurren en la interminable guerra de las Atarazanas, un conflicto donde lo que se dirime es una batalla –a muerte– entre los intereses de la tribu y el talento individual.

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Borges, milonga de azul pálido

carlosmarmol · 22 octubre, 2016 · Deja un comentario

«Alto lo veo y cabal/Con el alma comedida/Capaz de no alzar la voz/Y de jugarse la vida». Jorge Luis Borges, anarquista spenceriano, escritor superlativo, un señor de porte británico que tuvo el buen gusto de nacer (involuntariamente, por supuesto) en el Buenos Aires de Almagro y Balvanera, escribió estos versos para la milonga -una pieza musical; toda una advertencia para los puristas que confunden la poesía con los libros- que dedicó a Jacinto Chiclana, un compadrito, el personaje de la orillas de la ciudad a la que canta en su primer poemario, salido de los talleres de la imprenta Serrantes en el lejano año de 1921. Trescientos ejemplares, edición de autor (pagada con sus ahorros), las páginas sin numerar e ilustración de su hermana Norah en cubierta. A Borges, entonces, sólo lo leían la familia, los amigos y los enemigos, que son los lectores más fieles que existen.

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Ilustraciones: Daniel Rosell