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Periodismo

La mentira maoísta

carlosmarmol · 12 septiembre, 2020 · Deja un comentario

“¿Qué niño inteligente tendría el valor de comprobar la documentación de Papa Noel?”. En esta frase, escrita con una indudable ironía, incluso diríamos que con cierto sarcasmo, que es uno de los signos que distinguen a las mentes independientes que se atreven a pensar por sí mismas, está resumida buena parte de la desgracia y el delirio que han marcado la historia reciente de China, ese gigante que ya no está dormido, durante los últimos setenta años. Exactamente desde el día en el que Mao Zedong, cabecilla de una revolución campesina que, como otras tantas, terminó sustituyendo con una élite asesina a otra previa que había jurado combatir, alcanzó el poder hasta nuestros días, cuando el coronavirus, surgido en el húmedo mercado de Wuhan, sacude el mundo y nos asoma al precipicio de un presente marcado por el fin de la globalización, el retorno a la pandemia nacionalista (esa forma de utopía regresiva) y la devastación económica.

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La Barcelona lunfarda

carlosmarmol · 18 abril, 2020 · Deja un comentario

Toda la verdad de la vida está atrapada en los compases de un tango. La existencia como un melodrama sentimental. Las calles como una aventura agria. Las mañanas de amanecer sucio. Esos días en los que el crepúsculo se alza como una noche infinita donde todo es posible y abominable. Bello y hediondo. El imperio del naturalismo sólo es una más de todas las variantes posibles de la poesía de la vulgaridad, el código literario del mundo moderno antes de la popularización de la tecnología. El universo, entonces, era en blanco y negro. Violento y auténtico. Se mentía de verdad, no con desgana o por costumbre. El pálpito íntimo de los hombres ciertos –los famosos guapos de los poemas de Borges– oscilaba desordenadamente entre las ensoñaciones políticas –hablamos de la era del anarquismo en alpargatas– o se derramaba sobre los adoquines sucios de callejuelas sin salida. Se dormía en catres llenos de piojos, entre ladrones y bandoleros de segunda clase, soñando con una libertad indecente. Y se envidiaba a los afortunados patronos con bigotes a lo Bismarck que podían distraer la melancolía de las tardes en burdeles con pianolas desafinadas. Lujo y espanto. Vida y muerte. El mar sordo, a lo lejos.

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Jean Daniel, la ‘grandeur’ socialdemócrata

carlosmarmol · 29 febrero, 2020 · Deja un comentario

Jean Daniel Bensaïd (Blida, 1920-París, 2020) construyó su biografía (vital primero; intelectual después) a partir de un oxímoron y gracias a una leyenda. El oxímoron lo componen dos palabras, en apariencia contradictorias: periodismo progresista. Equivalente a su adjetivación opuesta: periodismo conservador. La leyenda, que adquirió bastante pronto la condición de mito, nos habla de un pretérito lejano donde conviven un proverbial mal genio, la devoción fraternal por Albert Camus, su condición de combatiente en la Segunda Guerra Mundial –desembarco en Normandía incluido– y la fundación del Le Nouvel Observateur, un prestigioso semanario de actualidad política –sí, eran otros tiempos– que entonces marcaba la agenda europea y, al menos para la izquierda ilustrada francesa, fue uno de sus particulares evangelios (laicos). La Biblia de cierta forma de entender la grandeur. En realidad, la historia de Daniel, fallecido esta semana con el reconocimiento general propio de un vino centenario, un caldo gran reserva, impecable dentro de sus ternos señoriales, coqueto cada vez que gastaba sombrero, particularmente sensible a los elogios y longevo tras una vida generosa, es mucho más simple: entre la epopeya y la admiración, lo que había es nada más –y nada menos– que un hombre culto e inteligente que, viniendo del África francesa –nació en Argelia en una familia hebrea– estuvo presente en las grandes diatribas políticas de su tiempo y, en cierto sentido, traspasó esa frontera invisible que diferencia a aquellos que miran la Historia (desde fuera) y quienes (desde dentro) la protagonizan.

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¡Vivan los años setenta!

carlosmarmol · 1 febrero, 2020 · Deja un comentario

Todo lo que sube, desciende. El idealismo, en cualquiera de sus variantes, conduce antes o después al prosaísmo. El principio mecánico que alimenta esta ley es indudablemente físico, pero también de índole cultural. Quizás por eso a los años sesenta del pasado siglo XX, ese extraordinario tiempo (pasajero) en el que parecía que los sueños podían transformar el mundo, cuando sucedía la gran revolución de la cultura popular en Occidente, triunfaba la lucha por los derechos civiles y se extendían por todas las clases sociales, igual que un fluido ambiental, las hermosas reivindicaciones hippies, que ofrecían un falso paraíso sin agua corriente lleno de paz, drogas y sexo (con flores en el pelo), dieron paso, en la década posterior –los caóticos setenta– a un universo marcado por el deterioro social y económico, el desengaño y la irrupción dentro del cuadro colorista previo de la vulgaridad como destino.

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Los clásicos del periodismo alemán

carlosmarmol · 13 octubre, 2019 · Deja un comentario

Hablar de los periodistas como si fueran autores clásicos tiene algo de oxímoron: a primera vista parece imposible que puedan cohabitar en una misma materia –el amarillento papel que cobijan los insignes depósitos de las hemerotecas– la condición efímera de los diarios, que es la naturaleza genética del periodismo, con la necesaria perdurabilidad que se le exige a cualquier escritor modélico. Y, sin embargo, sucede con una frecuencia que no diremos que sea constante, pero sí categórica. Sobre todo a lo largo de la historia más reciente, cuando los géneros (y los intereses en conflicto) todavía sabían diferenciar (y por tanto manejarse) entre el negocio y la verdad, la ética y la estética. De ese universo perdido para siempre –los periódicos son ya otra cosa distinta, líquida y fragmentaria– nos habla La eternidad de un día, una excelente antología de artículos y gacetillas pasajeras que el germanista Francisco Uzcanga Meinecke hizo hace tres años para la editorial Acantilado, madre y maestra de la cultura con mayúsculas. En ella palpitan, vivas como el primer día, algunas muestras ejemplares del periodismo que contó –por métodos diversos, casi siempre brillantes– la Europa que discurre entre 1823 y 1934, desde las postrimerías de la célebre batalla de Waterloo a la llegada del nacionalsocialismo a la cancillería en la antigua Prusia. Una centuria larga que condensa todo el brillo y el horror de la historia de Europa central, aquella que desde el Sur llamamos el Norte.

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Ilustraciones: Daniel Rosell