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Urbanismo

Variaciones (sevillanas) sobre un relato de Cortázar

carlosmarmol · 7 julio, 2018 · Deja un comentario

Nos gustaba el barrio porque, además de antiguo, tenía un aire gastado, igual que esas cosas que se quieren en exceso porque se han usado demasiado. Cobijaba los recuerdos de quienes nos precedieron, el padre de mi padre, la madre de su madre, los pasos inciertos de los progenitores compartidos, idos ya para siempre, lo mismo que cualquier día también nos marcharíamos nosotros. Ella y yo nos acostumbramos a vivir allí, aunque sin participar en los rituales indígenas. Ya saben: sacar a los santos a redoble de tambor y corneta, beber cerveza como si no hubiera mañana, orinar en los portales ajenos, dar gritos sin razón y presumir de un ingenio tan ridículo como ficticio. Obviando estas prácticas sociales, parecía ser una ciudad agradable para retirarse, aunque no hubiera un árbol sano en sus calles, quemadas por un sol prehistórico. Al principio no nos pareció un lugar muy caro. En aquel entonces, además, todavía era un sitio periférico. Quedaba a trasmano de todo, aunque sus habitantes creyeran pisar el centro del orbe y, con una insistencia patética, la comparasen con Roma.

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El ‘corralito’ de la Navegación

carlosmarmol · 2 junio, 2018 · Deja un comentario

Un hombre de prestigio debe tener vicios inconfesables y hábitos mudables. De los primeros, como comprenderán ustedes, queridos indígenas, no diremos ni una palabra. Para eso ya están nuestros enemigos, los pérfidos costumbristas mayores y monaguillos menores, que siempre nos desean lo mejor y alimentan, cosa que les agradecemos sinceramente, la leyenda. Saludos, muchachos: seguid remando. En relación a los hábitos diremos que uno de ellos consiste en andar, caminar o hacer el flaneur. Elijan ustedes el término que prefieran dependiendo de lo estupendos que se sientan hoy. En una de estas incursiones peatonales por la secreta Sevilla norteamericana -que está en la Isla de la Cartuja- nos encontramos la otra tarde, mientras los próceres de la autonomía volvían de su santo peregrinar al cogollo mismo de la Marisma, con que el Pabellón de la Navegación, uno de los mejores edificios que nos legó la Expo, se ha convertido por obra y gracia de la Junta de Andalucía en un salón de bodas, bautizos y comuniones, al parecer con la inestimable ayuda de la Escuela de Hostelería, a la que alguien le ha dado la gestión de una parte de este antiguo complejo expositivo de la Expo que, desde entonces, sirve para cualquier cosa menos para lo que fue concebido: ser un espacio cultural.

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El urbanismo ‘solemnis’

carlosmarmol · 24 marzo, 2018 · Deja un comentario

La política sevillana tiene una irrefrenable tendencia a la teatralidad, que es esa costumbre local que consiste en hincharse en público sin motivo. Aquí todo es escénico: las puestas de sol, las estampas de los solitarios faroles en los pequeños callejones, los egregios puentes que surcan -hacia ningún sitio- la dársena del Guadalquivir y, por supuesto, las espadañas que nos recuerdan que habitamos en un enclave elegido por los dioses y la naturaleza, aunque no siempre por la inteligencia. Con este patrimonio inmaterial por bandera ya se figurarán ustedes, queridos indígenas, que para nuestros sucesivos alcaldes es más importante contar con don de gentes -aunque tal título no siempre concuerde con sus méritos- que con lo que desde hace cierto tiempo se viene llamando «un modelo de ciudad».

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El urbanismo de ayer

carlosmarmol · 23 febrero, 2018 · Deja un comentario

En Sevilla, ya lo saben ustedes, queridos indígenas, algunos presumen de contar el tiempo hacia atrás. Pueden verlo en los almanaques piadosos de los calendarios cofrades, en las pizarras que el Ayuntamiento enseña, con una fascinación a la que todavía no hemos podido encontrarle una explicación razonable, el día que se coloca el primer tubo de la portada de la Feria -ese día- y, en general, cada vez que uno de nuestros dilectos costumbristas tiene a bien pronunciar un (mal) pregón, proferir una loa en favor del dogma concepcionista o marcarse una meditación trascendente ante alguna de sus figuras titulares, ante las que se ponen no sólo intensos, sino estupendos. Ellos llaman a esta brasa la teología según Sevilla.

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La música ambiental

carlosmarmol · 10 febrero, 2018 · Deja un comentario

Los políticos suelen decirle a la gente aquello que desean oír para llegar al poder y, una vez allí, terminan haciendo lo contrario. Entre las necesidades generales y las particulares, que básicamente son las suyas, no dudan: su interés está primero. Las generaciones más recientes de esta estirpe -hablamos de una clase endogámica que se perpetúa a sí misma- tienen además un pánico ancestral al riesgo. Sus mayores podían ser mejores o peores, ladrones u honrados, pero en mayor o menor medida asumían algún tipo de responsabilidad por sus actos. No es el caso de los benjamines: la posibilidad no ya de perder unas elecciones, sino de no gozar de la popularidad que ambicionan -que es toda- les convierte en conservadores prematuros. Si hay riesgo, hay vida (inteligente). Sin atrevimiento sólo cabe la rutina.

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El comercio sin escaparates

carlosmarmol · 6 enero, 2018 · Deja un comentario

Los comerciantes sevillanos tradicionales, que constituyen un influyente lobby localista, están muy preocupados porque estas Navidades, a pesar de las bombillitas full que les ha puesto Espadas, el alcalde de las luces amables, las ventas no están respondiendo ni de lejos a sus expectativas. A algunos esto les parece que es noticia, aunque si somos justos, lo que irremediablemente nos obliga a ser crueles, no lo es. En absoluto. El estado natural de un comerciante tradicional es la insatisfacción permanente. Es lo que tiene vivir en una ciudad mendicante con sueldos piadosos ¿Recuerdan ustedes, queridos indígenas, que algún socio de Aprocom, ese insigne ateneo del arte mercantil, haya dicho alguna vez que su negocio va como un tiro? Nosotros no. Y eso que hace mucho tiempo que -por obligación- estamos pendientes de estas cosas, a falta de índices alternativos para medir la maltrecha salud de la economía local. Un comerciante sevillano tradicional nunca dirá que su negocio es una mina. Va en contra de su código genético. Ninguno está dispuesto a darle pistas a Hacienda por la misma razón que te miran rarito cuando les pides una factura en lugar de un ticket de venta.

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Ilustraciones: Daniel Rosell