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Andalucía

El melodrama zanahoria

carlosmarmol · 16 marzo, 2021 · Deja un comentario

El Adelantado Marín, envidia de las academias, ha dicho rotundo como el trueno: «¡Quienes se van de Cs no son de Cs, nunca lo han sido!». Parece diáfana, pero la frase encierra un misterio: ¿Quién diablos es de Cs en la Marisma? Básicamente, nadie. Es cierto que el partido naranja tiene su dirección en la República Indígena -los referentes- y cargos públicos -los pensionados-, pero, como distingue perfectamente el español, una cosa es ser de Cs y otra, asaz distinta, estar en Cs. Decíamos ayer que los socios del Reverendísimo Bonilla en el Quirinale iban a tener serios problemas para hacer sus listas electorales y los hechos, siempre generosos, nos han dado la razón. Como diría el Emérito, es un orgullo y una satisfacción. La cola para entrar da la vuelta a la calle San Fernando de Sevilla. En Santo Domingo de la Calzada, rúa triste, se percibe prisa por salir disparado hacia donde el viento tampoco es que sople mucho, pero al menos no molesta.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Fran(cisco) Carrillo, ‘il sofista’

carlosmarmol · 13 marzo, 2021 · Deja un comentario

El parlamentarismo indígena no es estrictamente un arte, sino un pasatiempo excelentemente pensionado. En la Marisma, donde como dejó dicho Guerrero (Francisco Javier), difunto señor de los ERE, las cosas siempre se han hecho pormisco, no es necesario poseer el don de la palabra. No. Basta tener capacidad de influencia, una pandillita que te sostenga toda tu vida –aunque te someta– y algo que ofrecer (a los que colaboran con quienes colaboran). La oratoria es innecesaria porque aquí no importa argumentar, sino manejar el presupuesto. En este contexto, un personaje como Fran(cisco) Carrillo (Córdoba, 1981), portavoz adjunto de Cs y, hasta la pandemia, senador en Cortes, es una perfecta anomalía. Pues bien, este diputado ha tenido esta semana su minuto de fama después de proclamar, desde el atrio sagrado del autogobierno, aquello de “Señorías, estoy hasta los cojones de todos nosotros”, la frase de Estanislao Figueras, presidente de la I República (1873).

El Bestiarium en El Mundo.

El baile del ‘Gatopardo’

carlosmarmol · 12 marzo, 2021 · Deja un comentario

“El amor abre un paréntesis; el matrimonio, lo cierra”, escribió Víctor Hugo con un evidente sentido de la ironía. De ser cierta tal afirmación, podríamos decir que el gobierno de las tres derechas reunidas en Andalucía ha asumido por primera vez en los últimos dos años que los sentimientos (incluidas las pulsiones políticas) son un material excesivamente voluble. Casi explosivo. Lo que un día aparenta ser tan sólido como la piedra de las catedrales una jornada después puede diluirse perfectamente entre las manos, como la arena seca de la playa. El vendaval político provocado por la decisión de Cs de apoyar al PSOE para sacar adelante una moción de censura en Murcia –en contra del PP–, y su correspondiente reflejo en Castilla y León y en el súbito adelanto electoral de Madrid, ha causado réplicas en la gran autonomía del Sur, hasta ahora exenta de la inestabilidad que marca la política española mientras el coronavirus continúa matando, contagiando y destrozando el país. Se trata de turbulencias relativas –que por ahora no amenazan con derribar el avión de la Junta– pero que han hecho recordar a los pilotos de la nave que no existe la travesía tranquila. Aunque el plan de vuelo diga una cosa, cualquier singladura aérea supone un riesgo hasta que se alcanza el destino.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

Las castas familiares

carlosmarmol · 10 marzo, 2021 · Deja un comentario

La gran debilidad de la democracia indígena, que tiene en la Marisma uno de sus más ilustres pozos negros, no está ni en la Corona ni en el lamentable funcionamiento institucional. Reside en las asociaciones (de intereses) que todavía llamamos partidos, entidades privadas con una inaudita relevancia pública, al tener asignada por la Constitución -que aquí no lee casi nadie- funciones de «relevancia política primaria». Lo de «primaria» es bien cierto: nuestros partidos no son organizaciones democráticas -salvo que se crea en la democracia orgánica, tan cultivada por el franquismo- sino una suerte de castas familiares que, movidas por los instintos más bajos e inmediatos, cada cierto tiempo confrontan para designar a sus caudillos. Igual que el Papa, aspiran a nombrar al cuerpo electoral que los designa.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

Olona, la ‘rider’ de Vox

carlosmarmol · 6 marzo, 2021 · Deja un comentario

Uno de los rasgos que definen a Vox, el partido nacionalista cuyo ideario se circunscribe a agitar la bandera de España, igual que otros identitarismos indígenas mueven la enseña de sus patrias, sean ciertas o inventadas, es la fidelidad a su caricatura. Esto es: son exactamente como parecen. Hay quien considera esto autenticidad -Dios les conserve la vista- y otros lo enjuician como la señal irrefutable del automatismo político. Por automatismo queremos decir lo siguiente: preguntas por el paro y agitan la banderita; interrogas sobre la forma de gobierno y dan vivas al rey -sin especificar si se refieren al emérito, al heredero, o a ambos-; les pides su opinión de la pandemia y te sueltan que el virus (coronado) es chino. Y todo en este plan.Los voxistas no improvisan: a todo aplican la misma receta. Son absolutamente previsibles.

El Bestiarium en El Mundo.

Las guerras agrarias

carlosmarmol · 5 marzo, 2021 · Deja un comentario

Las estampas románticas presentan a la Andalucía del siglo XIX como un espacio exótico por su atraso ancestral, su distancia con los vientos de progreso que soplaban en la Europa del Norte y desenfocada con respecto al resto de España. Puro idealismo regresivo. Según este retrato, el Sur peninsular fue un territorio sin vocación industrial –a mediados de esa centuria Andalucía era la segunda región con más fábricas del país– y atada a las antiguas leyes agrarias, cimientos del templo absolutista de la cultura del latifundio.  Una media verdad, ya se sabe, es la peor de las mentiras. Porque si bien es cierto que los inicios industriales del Sur no sobrevivieron a su siglo, casi siempre por falta de financiación suficiente y la afición de sus élites de vivir de las rentas, el campo andaluz, el elemento simbólico que en los años ochenta del pasado siglo caracterizó el nacimiento de la autonomía –banderas blancas y verdes al frente de marchas jornaleras en una suerte de revolución (sin revolución) que situaba a los braceros como dramáticos héroes mitológicos–, era un negocio relativamente tranquilo y rentable, al menos hasta la última década del XIX

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

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Ilustraciones: Daniel Rosell