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Literatura

Elvis Presley, parodia y apocalipsis

carlosmarmol · 13 marzo, 2024 ·

La gran diferencia entre una abstracción y la realidad, como solía repetir Antonio Escohotado, es que la primera es la expresión de un ideal, la enunciación de una voluntad o el anhelo (violento) de un deseo íntimo, mientras que la segunda suele encerrar en su infinito pormenor un infalible desmentido. Más de 1.400 páginas pueden ser absolutamente insuficientes para resumir una existencia (terrestre) de apenas 42 años. Y, sin embargo, todo este caudal de datos y prosa son capaces de redibujar la imagen pública de un mito cultural mejor que las películas –efectistas e interesadas– o los enjuiciamientos morales impulsados por la inquisición woke. Sobre Elvis Presley (1935-1977) se han estrenado en los últimos años varias producciones audiovisuales. La primera, Elvis, dirigida por el cineasta Baz Luhrmann para la plataforma HBO, enfocaba la figura del rey del rock & roll a partir de la relación (tormentosa) con su manager, el Coronel Tom Parker; la segunda, dirigida por Sofía Coppola, es un retrato indirecto a través de su esposa, Priscilla Boaulieu, donde el músico norteamericano aparece como un machista celoso e insensible ante la soledad de una niña-novia de 14 años de edad encerrada en la prisión dorada de Graceland, la mansión de Presley en el caluroso Memphis.

Las Disidencias en The Objective.

García Márquez: deseos, infidelidades y postrimerías

carlosmarmol · 6 marzo, 2024 ·

Los finales suelen coincidir con los principios porque la vida, que es de lo que a la postre tratan todas las novelas, como escribió Montaigne y repetía Josep Pla siempre que tenía ocasión– es ondulante. La suma de todos los vaivenes de la diosa fortuna comprendidos entre un comienzo involuntario y el inesperado punto y final. La primera novela que publicó Gabriel García Márquez (1927-2014) –La hojarasca (1955)– relata la historia de un viejo coronel agropecuario que se empeña en dar sepultura al odiado médico de su pueblo, hombre de costumbres lujuriosas, a pesar de la oposición de sus vecinos. En esa narración tan temprana –el escritor colombiano aún no había cumplido la treintena– es donde por vez primera aparece Macondo, el espacio ficticio de la costa colombiana donde lo asombroso cohabita sin contradicción alguna, al menos en la memoria y en el lenguaje de sus habitantes, con el infinito prosaísmo de lo real. Un difunto, un viejo caballero empecinado en cumplir con una promesa –hasta el punto de comprometer a sus propios descendientes en la tarea– y el trasfondo mitológico de las guerras civiles del Caribe continental. Todo esto insertado dentro del marco (trágico) de la Antígona griega.

Las Disidencias en Letra Global.

En busca de las fuentes de la ética

carlosmarmol · 6 marzo, 2024 ·

Los conceptos verdaderamente trascendentes en la historia cultural de la Humanidad carecen de una definición unívoca. Podríamos decir incluso que su importancia deriva precisamente de esta ausencia. De la secular falta de acuerdo entre lo que son y aquello que significan. La poesía, la más alta de todas las artes para los antiguos, lleva junto a nosotros desde el comienzo de los tiempos, pero ni los grandes poetas ni todos los filósofos de la literatura han sido capaces de condensar su significado en una descripción compartida y pacífica. Lo mismo sucede con el tiempo, como resume la celebérrima cita de Agustín de Hipona: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, lo desconozco”. Algo similar cabe decir de la ética y de su semilla, la moral, entre las que existen más o menos similitudes y diferencias según quién sea el autor que aborde la ardua tarea de distinguirlas. Fernando Savater, perito en la materia, diferencia la moral –los comportamientos que son considerados válidos dentro de una determinada tradición cultural, ya sea para un individuo o en el seno de una sociedad– del estudio de otras formas de comportamiento alternativas o disonantes con la propia experiencia.

Las Disidencias en The Objective.

Eduardo Mendoza y el maravilloso encanto de la novela de (sub)género

carlosmarmol · 1 marzo, 2024 ·

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha creado su obra narrativa a partir del juego de ingenios que puede establecerse entre las cosas y sus convenciones. Cumplidos de largo los ochenta años, y con casi una veintena de novelas publicadas, sin adentrarnos en su afición teatral ni en sus libros de ensayo, acaba de desmentirse a sí mismo –flirteaba con la idea de dejar de escribir como los adolescentes fabulan con el suicidio– con la publicación de Tres enigmas para la Organización (Seix Barral), un pastiche entre el género noir y la novela de espías que lleva al límite casi todos los rasgos de su narrativa: desacralización, irreverencia, deformación, ironía y un humor fluido que oscila entre lo lúdico y lo terrible y que, paradójicamente, nunca asusta y siempre conmueve. La decisión de continuar –de momento– escribiendo y hacerlo además sin alterar el rumbo de siempre denota que el novelista barcelonés todavía se divierte con lo que hace y no piensa abdicar de su propia trayectoria sin darle una nueva vuelca de tuerca. Mendoza no se sale de sus constantes: Barcelona como marco geográfico (preferido), un sentido de la intrascendencia que muchos confunden con la militancia en la posmodernidad y esa distancia inteligente que ayuda a mirar y a soportar este mundo extraño, tan absurdo, sin dramatismos.

Las Disidencias en Letra Global.

G.K. Chesterton y el misticismo del hombre corriente

carlosmarmol · 28 febrero, 2024 ·

A la obra literaria de G.K.Chesterton, señor del arte de la paradoja y luminaria del catolicismo inteligente, puede asignársele la hermosa frase que Novalis escribió en su novela Enrique de Ofterdingen: “¿A dónde vamos? A casa, siempre a casa”. Al margen de su colosal ingenio, de su envidiable sentido del humor –epítome de la fina ironía british– y de sus altas dotes como polemista y espadachín de las ideas, cualidades más que demostradas en sus libros, sobre todo en los ensayos, que agavillan su infatigable labor como periodista (culto y de culto), en sus escritos siempre se saborea un sustrato nostálgico que tiene que ver con su naturaleza espiritual y con la certeza de que la Modernidad expresaba una aspiración que muy pronto se convirtió en estafa. La filiación con Novalis se extiende a otros ámbitos: desde la noción del tiempo –que no deja de ser la convención de unas pobres criaturas que, hayan nacido en el siglo en el que hayan nacido, siempre están sometidas a la certeza (que es a su vez una incógnita) de la muerte– a la idea de Europa como una obra cultural de la tradición cristiana.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell